20 marzo 2017

Los rascacielos pueden transformar nuestra forma de trabajar



En un día no muy lejano, es posible que te halles trabajando en un rascacielos. Conforme los diseñadores de ciudades (que cuentan con cada vez menos espacio) construyen hacia arriba en su búsqueda de más espacio para oficinas, y los arquitectos y desarrolladores ambiciosos compiten para construir propiedades emblemáticas, muchos de nosotros nos encontraremos trabajando en las nubes muy por arriba de la vida urbana.

Financial Times se trasladó del primer piso al último piso del Shard en Londres, el edificio más alto en Europa occidental con 310 metros de alto. Queríamos saber cómo sería trabajar en un rascacielos y qué se necesitaba para operar una superestructura 24 horas al día.

Para Alina Artamonova, una asistente de 23 años, quien recibe a los visitantes en la plataforma de observación en el piso 72, trabajar en el cielo es emocionante y meditativo. “Siento mucha paz aquí en lo alto. Te impulsa a pensar en tu vida... y en lo que quieres hacer con ella algún día”, afirmó.

Según algunos pronósticos, la vida laboral se llevará a cabo en edificios cada vez más altos y con mayor densidad, aun cuando la tecnología continúa facilitando el trabajo a distancia. “Somos una especie social y nuestro principal talento es vivir y trabajar con las personas que nos rodean”, dice Edward Glaeser, un economista de Harvard. “Los rascacielos van a facilitar ese aspecto”.

Pero ¿qué significa para los humanos que trabajan en esos edificios, y cuál es el beneficio de ocupar estas propiedades elevadas para los empleadores mismos?

Los primeros rascacielos concebidos en el siglo XIX en Nueva York y Chicago “proporcionaron a los dueños de las fábricas y a sus trabajadores un espacio más humano y más eficiente” que las plantas de baja altura a las que reemplazaron, argumenta Glaeser en su libro “El triunfo de las ciudades” en 2011.

Los edificios elevados evolucionaron en Estados Unidos en respuesta a la urbanización al igual que por los avances en la tecnología en el sector de construcción y de ingeniería, especialmente con respecto a los elevadores.

A finales del siglo XX, impulsados por la globalización y la migración de los trabajadores hacia las ciudades, el resto del mundo acogió los rascacielos. Actualmente, el edificio más alto del mundo es Burj Khalifa en Dubái, de 828 metros de altura, seguido por la Torre de Shanghái (632 metros) y la Torre Abraj Al-Bait en La Meca (601 metros).

Hong Kong, Nueva York, Tokio y Chicago encabezan la lista de Emporis de las ciudades con el mayor número de rascacielos. Sin embargo para 2025, según la consultoría McKinsey, más de la mitad de las 500 compañías más grandes del mundo tendrán su sede (a menudo en rascacielos) en mercados emergentes.

Jason Barr, profesor adjunto de economía en la Universidad de Rutgers-Newark y autor de “Building the Skyline” (Construir el horizonte), dice que los edificios altos envían un mensaje que comunica que los países o regiones están “abiertos a los negocios”.

En Estados Unidos, los jóvenes quieren vivir y trabajar en los centros de las ciudades, afirma Jaana Remes, una socia de McKinsey Global Institute, en San Francisco. Tal vez los rascacielos no parezcan una opción obvia para trabajadores jóvenes, pero piensan que pueden atraerlos si combinan modernos espacios de trabajo compartidos y el prestigio de estar ubicados en un lugar emblemático.

Glaeser piensa que la idea de que la tecnología podría volver obsoletas las ciudades al permitir que más personas trabajen a distancia no implica que una deba sustituir a la otra. La tecnología y las ciudades se complementan, asevera el profesor. Trabajar en edificios de gran altura seguirá impulsando la productividad.

Lee Elliott, el director de investigación comercial de Knight Frank, piensa que la tecnología está cambiando la función de las oficinas, conforme incrementan los teléfonos inteligentes y la incidencia del trabajo a domicilio, se eliminan muchos trabajos debido a la automatización y la inteligencia artificial.

Las oficinas se convertirán en salas de exhibición, salas para reuniones con clientes, dice Elliott, en vez de ser “cajas para personas”. Este tipo de espacio laboral se volverá una manera de reclutar y retener a los empleados.

Si él tiene razón, entonces entre más alto y mejor conocido sea el edificio, más poder de atracción tendrá. El prestigio desempeña un papel en atraer a compañía a los rascacielos. El estudio de Barr muestra que las compañías pagan más para ocupar espacios en los pisos más altos. En parte porque los empleados que trabajan en un mismo edificio tienden a ser más productivos, ya que se eliminan los viajes entre varias oficinas, pero estar en un piso elevado es una clara señal de superioridad.

Richard Florida, profesor y director del Martin Prosperity Institute en la Facultad de Negocios Rotman en la Universidad de Toronto, es un poco más cauteloso: “¿Qué tipo de medioambiente impulsa la innovación, las nuevas empresas “startup” y las industrias de alta tecnología? ¿Puedes nombrar una instancia, sólo una, en que este tipo de creatividad esté ocurriendo en una oficina en un edificio de gran altura ubicado en un distrito de rascacielos? La repuesta es claramente, no”.

Los rascacielos (remotos y artificialmente ventilados) pueden aislar a las personas de la naturaleza, añade Philip Vivian, director de la firma de arquitectura Bates Smart en Sídney, Australia. Los arquitectos han respondido introduciendo espacios abiertos y cafés, en los que las personas se pueden reunir.

El horror de la destrucción del World Trade Center causado por los ataques terroristas en 2001 fue un mal comienzo de siglo para estos edificios que tratan de alcanzar el cielo. Pero los rascacielos son resistentes, según sus defensores. Para los arquitectos, planificadores y desarrolladores, construir hacia arriba sigue siendo una opción rentable en ubicaciones densas y urbanas. El reto es seguir encontrando formas innovadoras para presentar la idea de un escritorio en el cielo como una opción atractiva, aun mientras cambian las prácticas laborales.

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