Gracias al sacrificio de estos obreros, que fueron perseguidos y ejecutados por las autoridades de aquel tiempo, ahora las ocho horas de trabajo son una norma laboral.
EL DEBER conversó y retrató a cuatro personas que han hecho de su oficio una forma de vida, con la que mantienen a sus familias. Un fundidor de metales, un tornero, una lavandera y una pastillera hablan del esfuerzo diario que le ponen a sus actividades, que hoy dejarán de lado para festejar
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