Morales dice –algo que comparto– que es un error de política económica ligar esta obligación extraordinaria a las empresas con la tasa de crecimiento del PIB. Un pequeño desvío al 4,5 por ciento genera, o no, un costo a las empresas formales, y, además, genera susceptibilidades.
Gary Rodríguez, al momento de calificar acertadamente que Bolivia no está en crisis, también dice que sí hay sectores que están en crisis. El error está en tomar un indicador que sólo es un promedio del comportamiento de la economía.
Si se observan los datos publicados por el INE para el segundo trimestre de este año se ve, en primer término, que si se le resta al PIB los impuestos sobre las importaciones, IVA, IT y otros impuestos indirectos, el PIB sólo crece al 4,14 por ciento. Aún más, si se observa los 11 sectores de la economía se tiene que sus crecimientos son variados, desde altos coeficientes del orden del 8,8 por ciento y del 7,3 por ciento, que corresponden a servicios de la administración pública, por un lado, y a establecimientos financieros, seguros, bienes inmuebles y servicios a las empresas, por otro; a tasas negativas de 2,7 para el sector hidrocarburífero y prácticamente cero para la minería.
¿Entonces, cómo tomar un indicador que no refleja los comportamientos sectoriales y mucho menos individuales de la actividad económica para endilgarles a todos un costo adicional? El resultado es que no todos pueden pagar esta obligación adicional, con lo cual sólo se fomenta que cada vez crezca la informalidad.
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