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12 abril 2019
12 junio 2018
14 septiembre 2016
Sucre Advierten explotación a los menores trabajadores
La mayor parte de los niños y adolescentes trabajadores son explotados por sus progenitores, según un censo y batidas realizados por la Dirección de Gestión Social de la Alcaldía de Sucre que identifican a unos 1.150 menores de edad que trabajan en Sucre.
Una gran parte de los niños que trabajan en las calles de la ciudad lo hacen motivados por sus padres, pese a que éstos deberían encargarse de su manutención, indicó el director de Gestión Social de la Alcaldía, Ariel Yucra, al precisar que en las últimas semanas realizaron batidas nocturnas en las que identificaron casos de menores de edad que están trabajando mientras sus padres los esperan sentados en alguna plazuela.
El Director indicó que hasta fin de año se espera terminar el censo de menores de edad trabajadores que inicialmente identificó a aproximadamente 1.150 niños y adolescentes; con el resultado final esperan ejecutar políticas públicas precisas para ayudar a esos menores, razón por la que esperan que el próximo año no les recorten el presupuesto de trabajo, especialmente en el comedor gratuito para esos niños.
COMEDOR TODAVÍA TIENE ESPACIO
Pese a la gran cantidad de menores trabajadores, el comedor público de la Alcaldía para el sector acoge a 85, aunque su capacidad cubriría hasta 100 personas. ¿Por qué no llegan a cubrir los cupos?, pues la principal causa sería la distancia que deben recorrer desde sus hogares ubicados en la periferia hasta el centro de la ciudad.
El comedor actualmente se encuentra en la calle Colón #331 y ofrece almuerzo desde las 11:30, apoyo psicológico, un espacio para hacer tareas, una pequeña biblioteca que esperan completar con aportes de la población e incluso duchas de manera gratuita, comentó la psicológa del servicio, Fabiola Flores.
La mayor parte de los beneficiarios son canillitas, lustrabotas, lavadores de autos o vendedores de productos, y viven sólo con sus madres, explicó Flores, quien además precisó que usualmente usan sus ganancias para cubrir gastos personales de transporte, recreo, útiles escolares y otros.
26 julio 2016
ONU dice que Bolivia debe revisar recomendaciones sobre trabajo infantil
La Organización de Naciones Unidas (ONU) pidió el lunes al Estado boliviano revisar recomendaciones sobre el trabajo infantil y la realidad nacional para garantizar un trabajo "decente" e inclusivo que garantice educación, formación y desarrollo humano.
El coordinador residente del Sistema de Naciones Unidas, Mauricio Ramírez, dijo que el haber bajado la edad del trabajo infantil en Bolivia a diez años, merece una atención especial.
"Esperamos que el Gobierno y los países atiendan estas recomendaciones; el trabajo decente, inclusivo y el desarrollo humano son fundamentales para el crecimiento de cada país", señaló.
Ramírez dijo que el tema del trabajo infantil debe ser revisado con la realidad del país, a fin de proporcionar oportunidades a los niños, niñas y adolescentes trabajadores.
"Es importante que haya por consiguiente las suficientes alternativas para que los jóvenes, niños y niñas vayan a los colegios, y se formen (…). Para las Naciones Unidas eso es fundamental", recalcó.
El 17 de julio de 2014, el Gobierno boliviano promulgó el nuevo Código Niña, Niño, Adolescente que permite el trabajo por cuenta propia a partir de los diez años.
El artículo 129 de la norma fija como edad mínima para trabajar los catorce (14) años de edad, pero de manera excepcional las Defensorías de la Niñez y Adolescencia podrán autorizar la actividad laboral por cuenta propia realizada por niñas, niños o adolescentes desde los 10 a14 años.
El código también contempla la actividad laboral por cuenta ajena de adolescentes de 12 a 14 años, siempre que ésta no menoscabe su derecho a la educación, no sea peligrosa, insalubre, atentatoria a su dignidad y desarrollo integral o se encuentre expresamente prohibido por la ley.
El coordinador residente del Sistema de Naciones Unidas, Mauricio Ramírez, dijo que el haber bajado la edad del trabajo infantil en Bolivia a diez años, merece una atención especial.
"Esperamos que el Gobierno y los países atiendan estas recomendaciones; el trabajo decente, inclusivo y el desarrollo humano son fundamentales para el crecimiento de cada país", señaló.
Ramírez dijo que el tema del trabajo infantil debe ser revisado con la realidad del país, a fin de proporcionar oportunidades a los niños, niñas y adolescentes trabajadores.
"Es importante que haya por consiguiente las suficientes alternativas para que los jóvenes, niños y niñas vayan a los colegios, y se formen (…). Para las Naciones Unidas eso es fundamental", recalcó.
El 17 de julio de 2014, el Gobierno boliviano promulgó el nuevo Código Niña, Niño, Adolescente que permite el trabajo por cuenta propia a partir de los diez años.
El artículo 129 de la norma fija como edad mínima para trabajar los catorce (14) años de edad, pero de manera excepcional las Defensorías de la Niñez y Adolescencia podrán autorizar la actividad laboral por cuenta propia realizada por niñas, niños o adolescentes desde los 10 a14 años.
El código también contempla la actividad laboral por cuenta ajena de adolescentes de 12 a 14 años, siempre que ésta no menoscabe su derecho a la educación, no sea peligrosa, insalubre, atentatoria a su dignidad y desarrollo integral o se encuentre expresamente prohibido por la ley.
13 junio 2016
Se incrementa el trabajo infantil en Chuquisaca
RESPONSABILIDAD
La Gobernación de Chuquisaca y la Alcaldía de Sucre deben tomar conciencia del tema y presupuestar recursos para que un equipo especializado interdisciplinario trabaje con el objetivo de erradicar el trabajo infantil, según el observatorio.
En el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil, que se conmemoró ayer, 12 de junio, las estadísticas muestran que esta práctica se incrementó en los últimos años. En Chuquisaca hay 26.753 niñas, niños y adolescentes entre siete y 17 años que trabajan (4.753 más que las proyecciones del Censo 2001); asimismo, en Sucre trabajan 9.385 menores entre siete y 17 años (505 más que las proyecciones del Censo 2001), empero estas cifras aún no engloban a los miles que trabajan invisibilizados por las estadísticas oficiales, porque realizan trabajos peligrosos o prohibidos y en la clandestinidad, por ejemplo como “criaditos” en muchos hogares.
Los datos corresponden a una investigación sobre trabajo infantil realizada por la ONG Realidades, la misma se basa en los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). El 39% de los 9.385 menores en Chuquisaca y el 41% en Sucre tienen menos de 14 años, es decir trabajan antes de cumplir la edad mínima legal.
“Desde la ONG Realidades -Presidencia del Observatorio de Derechos- consideramos que el trabajo infantil se incrementó ya que hasta la fecha no se desarrollaron políticas públicas (programas y proyectos) que con una estrategia de intervención clara apunten a erradicar el trabajo infantil y sus causas estructurales”, comentó la presidenta del Observatorio, Tahí Abrego.
Para cambiar realmente la condición del trabajo infantil y la explotación adolescente, se necesita que la Gobernación de Chuquisaca aplique la norma y defina el programa de atención a menores de 14 años en actividad laboral, con personal especializado que desarrolle acciones medibles para cambiar la situación de vulneración de los menores de edad que trabajan por necesidad, ante la falta de atención efectiva de sus familias y el Estado, remarcó.
De igual forma, la Alcaldía de Sucre no sólo debe brindar un almuerzo a éstos niños, sino proporcionar una atención integral en el área social, pedagógica y de protección, que garantice la restitución de todos sus derechos. Asimismo, la jefatura departamental de Trabajo debe atender efectivamente a los adolescentes trabajadores y garantizar alternativas de formación técnica y trabajo digno.
Día Mundial contra el Trabajo Infantil 85 millones de menores están expuestos a trabajos peligrosos
Al conmemorar el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, la Organización Internacional de Trabajo (OIT) reveló que de 168 millones de niños, niñas y adolescentes trabajadores en el mundo, 85 millones están expuestos a oficios peligrosos.
“Es inaceptable que todavía haya 168 millones de niños que participan en distintas formas de trabajo infantil, y que 85 millones de ellos realicen trabajos peligrosos. El trabajo infantil está presente en sectores que van desde la agricultura (99 millones de niños) hasta la minería, pasando por las industrias manufactureras, el turismo, la producción de bienes y la prestación de servicios que a diario consumen o utilizan millones de personas”, señala la declaración emitida ayer por la OIT.
PROBLEMA MUNDIAL
De acuerdo a la institución internacional, el trabajo infantil continúa en el mundo y está presente, fundamentalmente, en el sector rural y en la economía informal, que quedan al margen de las actividades de inspección del trabajo, además de la protección que brindan las organizaciones de trabajadores y los beneficios, que en materia de gobernanza, ofrecen las organizaciones de empleadores y de productores.
El riesgo de que se recurra al trabajo infantil en las cadenas de suministro –agrega– no aumenta solo por la falta de protección institucional en el sector rural y la economía informal; también se establece en el entorno familiar como, por ejemplo, en las explotaciones agrícolas familiares, donde es frecuente que los niños sean muy vulnerables porque los ingresos de sus padres resultan insuficientes o bien porque las empresas o las explotaciones agrícolas de las familias no pueden permitirse prescindir del trabajo infantil para contratar adultos o jóvenes.
RIESGOS
La OIT señala que las niñas, niños y adolescentes están expuestos a ciertos riesgos que pueden dañar su salud e incluso afectar a la moralidad de los niños.
Los niños ponen en riesgo su integridad porque son expuestos a los abusos de orden físico, psicológico o sexual, también cuando realizan trabajos con maquinarias peligrosas o llevan cargas pesadas, entre otros.
SITUACIÓN EN BOLIVIA
En Bolivia, el defensor del Pueblo, David Tezanos, dijo que la eliminación de la explotación infantil es aún un tema pendiente a ser superado en el país; no obstante los avances normativos que se han dado para proteger a niñas, niños y adolescentes trabajadores, esta es una realidad en la que se debe trabajar de manera urgente.
La Ley 548, que instituye el Código Niña, Niño y Adolescente, garantiza y protege el ejercicio o desempeño laboral de adolescentes mayores de 14 años y de niñas y niños menores de esta edad que tengan autorización para trabajar. La norma, asimismo, prohíbe las actividades laborales y trabajos que por su naturaleza y condición sean peligrosos, insalubres o atentatorios a su dignidad y aquellos que pongan en riesgo su permanencia en el sistema educativo, según información de la Defensoría del Pueblo.
SECTORES DE TRABAJO
Sin embargo, aún persiste la presencia de este sector poblacional en actividades de la caña de azúcar, castaña y en la minería, las que son consideradas como peores formas de explotación. No existen cifras oficiales sobre la cantidad de niños, niñas y adolescentes que se dedican a estas actividades en el país. Empero, un estudio realizado por la Defensoría del Pueblo, en 2014, identificó la presencia de 145 niños y adolescentes que se dedicaban al trabajo en interior y exterior mina en el Cerro Rico de Potosí.
Tezanos sostiene que esta realidad significa para el Estado un “problema grave”, ante lo cual deben realizarse acciones preventivas, instaurar mecanismos efectivos y ejecutivos de cumplimiento y control de la aplicación de la Ley 548 sobre la reducción de la jornada de trabajo de niñas, niños y adolescentes.
Planteó la urgencia de que los gobiernos departamentales y municipales trabajen en la elaboración de programas destinados a la reducción de la pobreza, de manera que se contribuya a bajar los índices de explotación infantil en el país. Asimismo, dijo que se debe focalizar el trabajo de las Defensorías Municipales de la Niñez y Adolescencia en programas educativos sobre prevención contra la explotación laboral.
DATOS
- La Encuesta de Hogares 2012 señala que 17,5% de los niños, niñas y adolescentes realizan actividades de producción económica y/o labores domésticas.
- El trabajo infantil afecta más a los hombres (18,7%) que a las mujeres (16,4%) aumenta con la edad.
- Según el estudio “Magnitud y Características del Trabajo Infantil en Bolivia” - Informe Nacional 2008- el 27,9% de los niños y adolescentes, entre 5 y 17 años, participa en actividades productivas económicas (remuneradas o no).
- Datos del INE revelan que del total de niñas, niños y adolescentes trabajadores, el 40% no asiste a la escuela.
- La Fundación Cedla estableció que la población trabajadora infantil, comprendida entre los 5 a 13 años, es de 491.00 (57.8%) del total de los niños que trabajan. Es decir que, en comparación con el total, 23 de cada 100 niños o niñas trabajaban, de los cuales 11 de cada cien laboran en el área urbana y 60 de cada cien en el área rural. De esta relación, el 48% son niñas.
“Es inaceptable que todavía haya 168 millones de niños que participan en distintas formas de trabajo infantil, y que 85 millones de ellos realicen trabajos peligrosos. El trabajo infantil está presente en sectores que van desde la agricultura (99 millones de niños) hasta la minería, pasando por las industrias manufactureras, el turismo, la producción de bienes y la prestación de servicios que a diario consumen o utilizan millones de personas”, señala la declaración emitida ayer por la OIT.
PROBLEMA MUNDIAL
De acuerdo a la institución internacional, el trabajo infantil continúa en el mundo y está presente, fundamentalmente, en el sector rural y en la economía informal, que quedan al margen de las actividades de inspección del trabajo, además de la protección que brindan las organizaciones de trabajadores y los beneficios, que en materia de gobernanza, ofrecen las organizaciones de empleadores y de productores.
El riesgo de que se recurra al trabajo infantil en las cadenas de suministro –agrega– no aumenta solo por la falta de protección institucional en el sector rural y la economía informal; también se establece en el entorno familiar como, por ejemplo, en las explotaciones agrícolas familiares, donde es frecuente que los niños sean muy vulnerables porque los ingresos de sus padres resultan insuficientes o bien porque las empresas o las explotaciones agrícolas de las familias no pueden permitirse prescindir del trabajo infantil para contratar adultos o jóvenes.
RIESGOS
La OIT señala que las niñas, niños y adolescentes están expuestos a ciertos riesgos que pueden dañar su salud e incluso afectar a la moralidad de los niños.
Los niños ponen en riesgo su integridad porque son expuestos a los abusos de orden físico, psicológico o sexual, también cuando realizan trabajos con maquinarias peligrosas o llevan cargas pesadas, entre otros.
SITUACIÓN EN BOLIVIA
En Bolivia, el defensor del Pueblo, David Tezanos, dijo que la eliminación de la explotación infantil es aún un tema pendiente a ser superado en el país; no obstante los avances normativos que se han dado para proteger a niñas, niños y adolescentes trabajadores, esta es una realidad en la que se debe trabajar de manera urgente.
La Ley 548, que instituye el Código Niña, Niño y Adolescente, garantiza y protege el ejercicio o desempeño laboral de adolescentes mayores de 14 años y de niñas y niños menores de esta edad que tengan autorización para trabajar. La norma, asimismo, prohíbe las actividades laborales y trabajos que por su naturaleza y condición sean peligrosos, insalubres o atentatorios a su dignidad y aquellos que pongan en riesgo su permanencia en el sistema educativo, según información de la Defensoría del Pueblo.
SECTORES DE TRABAJO
Sin embargo, aún persiste la presencia de este sector poblacional en actividades de la caña de azúcar, castaña y en la minería, las que son consideradas como peores formas de explotación. No existen cifras oficiales sobre la cantidad de niños, niñas y adolescentes que se dedican a estas actividades en el país. Empero, un estudio realizado por la Defensoría del Pueblo, en 2014, identificó la presencia de 145 niños y adolescentes que se dedicaban al trabajo en interior y exterior mina en el Cerro Rico de Potosí.
Tezanos sostiene que esta realidad significa para el Estado un “problema grave”, ante lo cual deben realizarse acciones preventivas, instaurar mecanismos efectivos y ejecutivos de cumplimiento y control de la aplicación de la Ley 548 sobre la reducción de la jornada de trabajo de niñas, niños y adolescentes.
Planteó la urgencia de que los gobiernos departamentales y municipales trabajen en la elaboración de programas destinados a la reducción de la pobreza, de manera que se contribuya a bajar los índices de explotación infantil en el país. Asimismo, dijo que se debe focalizar el trabajo de las Defensorías Municipales de la Niñez y Adolescencia en programas educativos sobre prevención contra la explotación laboral.
DATOS
- La Encuesta de Hogares 2012 señala que 17,5% de los niños, niñas y adolescentes realizan actividades de producción económica y/o labores domésticas.
- El trabajo infantil afecta más a los hombres (18,7%) que a las mujeres (16,4%) aumenta con la edad.
- Según el estudio “Magnitud y Características del Trabajo Infantil en Bolivia” - Informe Nacional 2008- el 27,9% de los niños y adolescentes, entre 5 y 17 años, participa en actividades productivas económicas (remuneradas o no).
- Datos del INE revelan que del total de niñas, niños y adolescentes trabajadores, el 40% no asiste a la escuela.
- La Fundación Cedla estableció que la población trabajadora infantil, comprendida entre los 5 a 13 años, es de 491.00 (57.8%) del total de los niños que trabajan. Es decir que, en comparación con el total, 23 de cada 100 niños o niñas trabajaban, de los cuales 11 de cada cien laboran en el área urbana y 60 de cada cien en el área rural. De esta relación, el 48% son niñas.
31 mayo 2016
Gobierno ignora situación laboral infantil en Bolivia
En ausencia del ministro de Trabajo, Empleo y Previsión Social, Gonzalo Trigoso, el ministerio del ramo ofreció su Audiencia Inicial de Rendición de Cuentas 2016, en la que no se pudo informar el estado de situación del trabajo infantil en Bolivia.
A la consulta de ANF, sí el haber disminuido la edad de trabajo en el país a 10 años mejoró o empeoró la calidad del trabajo infantil, el director de Planificación, Héctor Hinojosa, pidió remitirse a la Memoria Institucional 2015.
SIN DATOS
“¿Perdón de qué institución es?, estamos en la Rendición Inicial Pública de Cuentas, en el mes de diciembre hay otra rendición de cuentas y los datos están en la Memoria Institucional del Ministerio del Trabajo, que con gusto les podremos proporcionar a la conclusión de este evento, donde podrá encontrar la respuesta”, respondió.
ZAFRA
Hasta el presente, dos de siete ingenios azucareros existentes, han recibido la certificación de producción de azúcar libre de trabajo infantil. Se trata de Guabirá y recientemente Unagro. Rosana Vega, de la oficina de Unicef en Bolivia, dijo que la zafra es una de las actividades de mayor riesgo para los niños.
INSPECCIONES
Pero ante la insistencia de contar con una respuesta sobre el estado de situación del trabajo infantil en Bolivia señaló: “De manera ejecutiva, el año pasado hubo 2.559 inspecciones en todas las áreas tanto en lo laboral, en las móviles integrales y en las técnicas. Las móviles integrales incluyen al infantil que son 529. De ese total han sido beneficiados 290 mil trabajadores”.
Revisada la Memoria Institucional 2015, este medio (ANF) pudo verificar que de los 14 capítulos insertos, ni uno se destinó al trabajo infantil.
RESEÑA
El documento que consta de más de 100 páginas ofrece la reseña histórica del Ministerio de Trabajo, la normativa laboral, el fortalecimiento a las organizaciones sindicales, la aplicación y mejoramiento de las normativas socio-laborales, la política para la seguridad social, la aplicación y mejoramiento de la norma del Servicio Civil, la transversalización de los derechos fundamentales del trabajo, la promoción del empleo, el fortalecimiento del sector cooperativo, la gestión institucional además de los retos 2016-2018 y los datos estadístico.
RETOS
En el capítulo destinado a los retos al 2018 se lee un punto sobre los derechos fundamentales del trabajo infantil que prevé el asesoramiento técnico en al menos seis regiones para la elaboración de planes departamentales y municipales en el marco de la política pública, además de generar protocolos de atención en base al reglamento del Código Niña, Niño y Adolescente (CNNA).
También se plantea a mediano plazo la erradicación de las determinantes que pone en situación de trabajo a los niños, niñas y adolescentes menores de 14 años, así como una evaluación a medio término de los adolescentes retirados de las peores formas de trabajo.
A la consulta de ANF, sí el haber disminuido la edad de trabajo en el país a 10 años mejoró o empeoró la calidad del trabajo infantil, el director de Planificación, Héctor Hinojosa, pidió remitirse a la Memoria Institucional 2015.
SIN DATOS
“¿Perdón de qué institución es?, estamos en la Rendición Inicial Pública de Cuentas, en el mes de diciembre hay otra rendición de cuentas y los datos están en la Memoria Institucional del Ministerio del Trabajo, que con gusto les podremos proporcionar a la conclusión de este evento, donde podrá encontrar la respuesta”, respondió.
ZAFRA
Hasta el presente, dos de siete ingenios azucareros existentes, han recibido la certificación de producción de azúcar libre de trabajo infantil. Se trata de Guabirá y recientemente Unagro. Rosana Vega, de la oficina de Unicef en Bolivia, dijo que la zafra es una de las actividades de mayor riesgo para los niños.
INSPECCIONES
Pero ante la insistencia de contar con una respuesta sobre el estado de situación del trabajo infantil en Bolivia señaló: “De manera ejecutiva, el año pasado hubo 2.559 inspecciones en todas las áreas tanto en lo laboral, en las móviles integrales y en las técnicas. Las móviles integrales incluyen al infantil que son 529. De ese total han sido beneficiados 290 mil trabajadores”.
Revisada la Memoria Institucional 2015, este medio (ANF) pudo verificar que de los 14 capítulos insertos, ni uno se destinó al trabajo infantil.
RESEÑA
El documento que consta de más de 100 páginas ofrece la reseña histórica del Ministerio de Trabajo, la normativa laboral, el fortalecimiento a las organizaciones sindicales, la aplicación y mejoramiento de las normativas socio-laborales, la política para la seguridad social, la aplicación y mejoramiento de la norma del Servicio Civil, la transversalización de los derechos fundamentales del trabajo, la promoción del empleo, el fortalecimiento del sector cooperativo, la gestión institucional además de los retos 2016-2018 y los datos estadístico.
RETOS
En el capítulo destinado a los retos al 2018 se lee un punto sobre los derechos fundamentales del trabajo infantil que prevé el asesoramiento técnico en al menos seis regiones para la elaboración de planes departamentales y municipales en el marco de la política pública, además de generar protocolos de atención en base al reglamento del Código Niña, Niño y Adolescente (CNNA).
También se plantea a mediano plazo la erradicación de las determinantes que pone en situación de trabajo a los niños, niñas y adolescentes menores de 14 años, así como una evaluación a medio término de los adolescentes retirados de las peores formas de trabajo.
30 mayo 2016
El trabajo infantil es una realidad e instituciones buscan proteger a niños
“El trabajo infantil es un fenómeno social que no pide permiso y cada vez hay más niños trabajadores en las calles”, afirma el coordinador general del programa Audiovisuales Educativos (AVE), Cristóbal Gonzales.
Agrega que como institución no están ni a favor ni en contra del trabajo infantil y su “pelea” es para que las condiciones de esta actividad mejoren.
“Prohibir el trabajo infantil sería poner en vulnerabilidad a los niños y sus familias porque muchas de ellas viven gracias a esta actividad laboral”, afirma.
Gonzales recuerda que la realidad en la que viven estos chicos es dura, en sus hogares y en sus trabajos, “y por eso varias instituciones los apoyan para que ellos mismos sean protagonistas del cambio, como sucede en otros países”.
Los niños trabajadores se financian, en muchos casos, sus estudios y la compra de ropa.
El diagnóstico realizado por esta institución señala que, por ejemplo, los niños que hacen malabares en las calles provienen de familias que se encuentran en una situación muy crítica.
Otra conclusión de este diagnóstico es que las políticas sociales del Gobierno no están llegando a todos los estratos sociales porque muchas familias siguen viviendo en barrios periféricos, sin condiciones mínimas de servicios básicos o educación.
La educadora de AVE Lizeth Salazar asegura que si en el país hubiera más empleo y oportunidades para las familias, “seguramente los niños no saldrían a trabajar a edad tan temprana”.
Salazar refuerza que la realidad en el país es que los niños trabajan por necesidad, situación que se manifiesta mediante el trabajo infantil.
PROTECCIÓN
Gonzales explica que el Código Niña, Niño y Adolescente intenta mejorar las condiciones de vida de los chicos que trabajan, pero no es una autorización para que ellos realicen una actividad laboral.
Salazar agrega que los niños deben salir a trabajar bajo la protección del Estado, lo cual fue una demanda de los niños.
La protección implica también que el niño debe asistir a la escuela y que se beneficie con el sistema social, es decir, que goce de los derechos laborales y seguro de salud”.
“La Defensoría debería verificar que el trabajo de los niños no interfiera con otros derechos como el de la educación”.
Sin embargo, un punto débil del Código Niña, Niño y Adolescente es que no hay recursos económicos, personal ni instituciones para implementar a cabalidad la Ley 548.
VEINTE AÑOS
El programa AVE coordina desde hace 20 años con niños que trabajan por cuenta propia. Esta labor comenzó con los niños del cementerio y se sumó a los que tienen una actividad laboral en las ferias francas y después a los que lustran zapatos en la Plaza Principal de Cercado.
AVE trabaja ahora también con niños que lustran zapatos en la plaza de Cliza, y en Sacaba con los niños del cementerio.
Salazar señala que la idea de este programa es capacitar a los niños en la promoción y defensa de sus derechos “porque antes que trabajadores ellos son niños y no todos sus derechos están garantizados”.
Agrega que como institución no están ni a favor ni en contra del trabajo infantil y su “pelea” es para que las condiciones de esta actividad mejoren.
“Prohibir el trabajo infantil sería poner en vulnerabilidad a los niños y sus familias porque muchas de ellas viven gracias a esta actividad laboral”, afirma.
Gonzales recuerda que la realidad en la que viven estos chicos es dura, en sus hogares y en sus trabajos, “y por eso varias instituciones los apoyan para que ellos mismos sean protagonistas del cambio, como sucede en otros países”.
Los niños trabajadores se financian, en muchos casos, sus estudios y la compra de ropa.
El diagnóstico realizado por esta institución señala que, por ejemplo, los niños que hacen malabares en las calles provienen de familias que se encuentran en una situación muy crítica.
Otra conclusión de este diagnóstico es que las políticas sociales del Gobierno no están llegando a todos los estratos sociales porque muchas familias siguen viviendo en barrios periféricos, sin condiciones mínimas de servicios básicos o educación.
La educadora de AVE Lizeth Salazar asegura que si en el país hubiera más empleo y oportunidades para las familias, “seguramente los niños no saldrían a trabajar a edad tan temprana”.
Salazar refuerza que la realidad en el país es que los niños trabajan por necesidad, situación que se manifiesta mediante el trabajo infantil.
PROTECCIÓN
Gonzales explica que el Código Niña, Niño y Adolescente intenta mejorar las condiciones de vida de los chicos que trabajan, pero no es una autorización para que ellos realicen una actividad laboral.
Salazar agrega que los niños deben salir a trabajar bajo la protección del Estado, lo cual fue una demanda de los niños.
La protección implica también que el niño debe asistir a la escuela y que se beneficie con el sistema social, es decir, que goce de los derechos laborales y seguro de salud”.
“La Defensoría debería verificar que el trabajo de los niños no interfiera con otros derechos como el de la educación”.
Sin embargo, un punto débil del Código Niña, Niño y Adolescente es que no hay recursos económicos, personal ni instituciones para implementar a cabalidad la Ley 548.
VEINTE AÑOS
El programa AVE coordina desde hace 20 años con niños que trabajan por cuenta propia. Esta labor comenzó con los niños del cementerio y se sumó a los que tienen una actividad laboral en las ferias francas y después a los que lustran zapatos en la Plaza Principal de Cercado.
AVE trabaja ahora también con niños que lustran zapatos en la plaza de Cliza, y en Sacaba con los niños del cementerio.
Salazar señala que la idea de este programa es capacitar a los niños en la promoción y defensa de sus derechos “porque antes que trabajadores ellos son niños y no todos sus derechos están garantizados”.
Un niño carretillero lleva carga en un mercado de la ciudad.
Aprenden a no mentir, a ser tolerantes con sus compañeros y, sobre todo, a poner en práctica cada día los valores positivos que les enseñan en el programa Inti Kanchay (el sol que te alumbra).
Wílder, de 10 años, y Tania, de 12, son dos niños trabajadores que asisten a Inti Kanchay, ubicado en Cerro Verde, donde reciben apoyo escolar, psicológico y espiritual.
Tania y Wílder colaboran con sus padres en la venta de comida y refresco, en el sector de La Cancha, en la mañana y parte de la noche. Ambos asisten a la escuela por la tarde.
Wílder afirma que en Inti Kanchay aprendió a no mentir, a dirigirse a sus compañeros con educación y a cumplir siempre las promesas que hace.
Tania interviene y complementa que a ella le enseñaron a ser respetuosa con los demás. Está en el programa desde 2007.
LA SITUACIÓN
La fundación Estrellas en la Calle trabaja con niños y adolescentes entre los 6 y 18 años, que provienen de familias disfuncionales en las que la extrema pobreza es la constante o cuyos padres consumen alcohol o drogas.
La coordinadora del programa Inti Kanchay, Alina Arellano, asegura que la mayor parte de los niños que llegan hasta el centro sufren abandono familiar, pese a que viven con sus padres.
Los niños que asisten al programa trabajan en diferentes rubros, en la construcción como albañiles, en talleres de carpintería, de mecánica, en la venta de ropa o en el cuidado de menores.
Los más pequeños, desde los seis años, apoyan a sus padres en la venta de ropa, comida o refresco, pero siempre bajo la supervisión de un adulto.
Los más grandes, desde los 10 años, empiezan a trabajar solos, vendiendo mercadería en los centros de abasto o dulces en locales de fiestas en las noches.
Arellano afirma que de un tiempo a esta parte observaron a más niños y adolescentes que hacen malabares en las calles o limpian parabrisas. Algunos cumplen jornadas completas, por lo que abandonan la escuela.
El primer requisito que deben cumplir los niños que desean asistir a este programa es estar inscritos en la escuela y permanecer en ella.
ESTRELLAS
¿Por qué la fundación lleva el nombre de Estrellas en la Calle?
Arellano explica que el nombre surgió a sugerencia de los mismos niños y adolescentes, quienes argumentaron que ellos tienen talentos y dones que muchas veces no son apreciados por los adultos.
“Un niño que hace malabares en la calle o que persuade a una persona mayor a comprar algún producto se convierte en una estrella”, afirma.
El centro funciona solamente durante la mañana porque los niños deben asistir a la escuela durante la tarde.
La capacidad del centro es para atender a 40 niños y adolescentes.
A LARGO PLAZO
Los cambios en los niños que asisten al programa Inti Kanchay se dan a largo plazo, todo depende de la personalidad de cada uno de los pequeños.
Arellano menciona que muchos de los niños que llegan al centro de Cerro Verde provienen de familias en las que la violencia está presente. Por este motivo, los educadores dan prioridad a este tema.
Cuando los niños y adolescentes llegan por primera vez al centro, se nota cierta agresividad en su conducta y en el trato con sus compañeros. “Algunos se expresan con insultos y hasta con golpes”.
Los profesionales que trabajan en Inti Kanchay trabajan para canalizar la violencia en otras actividades y para ello utilizan una comunicación asertiva, de tal modo que ellos puedan entender a los demás.
APUNTES
Limpieza
Los niños y adolescentes que asisten al programa Inti Kanchay lavan sus uniformes escolares entre las 8.30 y 9.00 de la mañana.
Reflexión
La primera actividad que se realiza es una lectura de reflexión sobre diferentes temas y luego desayunan.
Estudio
Los educadores del centro realizan una actividad en alguna de las áreas que trabajan: educativa, social, de salud, psicológica, espiritual y ecológica.
Tareas
El programa reserva también un espacio para que los niños y adolescentes hagan sus deberes escolares.
Los educadores cumplen el rol de orientadores para resolver las dudas que tienen en la escuela, en alguna de las asignaturas.
Los niños almuerzan en el centro y se alistan para dirigirse a sus establecimientos educativos.
Equipo
El programa Inti Kanchay tiene un equipo multidisciplinario, conformado por profesionales de diferentes áreas, que trabajan en los diferentes componentes.
Por ejemplo, en la parte educativa se prioriza el apoyo escolar, sobre todo si hay problemas de aprendizaje en los niños. Se trata de evitar la deserción escolar.
En la parte psicológica se trabaja con las emociones, la parte afectiva.
En el área social se analiza cómo los niños se relacionan con su familia, sus amigos y compañeros.
Wílder, de 10 años, y Tania, de 12, son dos niños trabajadores que asisten a Inti Kanchay, ubicado en Cerro Verde, donde reciben apoyo escolar, psicológico y espiritual.
Tania y Wílder colaboran con sus padres en la venta de comida y refresco, en el sector de La Cancha, en la mañana y parte de la noche. Ambos asisten a la escuela por la tarde.
Wílder afirma que en Inti Kanchay aprendió a no mentir, a dirigirse a sus compañeros con educación y a cumplir siempre las promesas que hace.
Tania interviene y complementa que a ella le enseñaron a ser respetuosa con los demás. Está en el programa desde 2007.
LA SITUACIÓN
La fundación Estrellas en la Calle trabaja con niños y adolescentes entre los 6 y 18 años, que provienen de familias disfuncionales en las que la extrema pobreza es la constante o cuyos padres consumen alcohol o drogas.
La coordinadora del programa Inti Kanchay, Alina Arellano, asegura que la mayor parte de los niños que llegan hasta el centro sufren abandono familiar, pese a que viven con sus padres.
Los niños que asisten al programa trabajan en diferentes rubros, en la construcción como albañiles, en talleres de carpintería, de mecánica, en la venta de ropa o en el cuidado de menores.
Los más pequeños, desde los seis años, apoyan a sus padres en la venta de ropa, comida o refresco, pero siempre bajo la supervisión de un adulto.
Los más grandes, desde los 10 años, empiezan a trabajar solos, vendiendo mercadería en los centros de abasto o dulces en locales de fiestas en las noches.
Arellano afirma que de un tiempo a esta parte observaron a más niños y adolescentes que hacen malabares en las calles o limpian parabrisas. Algunos cumplen jornadas completas, por lo que abandonan la escuela.
El primer requisito que deben cumplir los niños que desean asistir a este programa es estar inscritos en la escuela y permanecer en ella.
ESTRELLAS
¿Por qué la fundación lleva el nombre de Estrellas en la Calle?
Arellano explica que el nombre surgió a sugerencia de los mismos niños y adolescentes, quienes argumentaron que ellos tienen talentos y dones que muchas veces no son apreciados por los adultos.
“Un niño que hace malabares en la calle o que persuade a una persona mayor a comprar algún producto se convierte en una estrella”, afirma.
El centro funciona solamente durante la mañana porque los niños deben asistir a la escuela durante la tarde.
La capacidad del centro es para atender a 40 niños y adolescentes.
A LARGO PLAZO
Los cambios en los niños que asisten al programa Inti Kanchay se dan a largo plazo, todo depende de la personalidad de cada uno de los pequeños.
Arellano menciona que muchos de los niños que llegan al centro de Cerro Verde provienen de familias en las que la violencia está presente. Por este motivo, los educadores dan prioridad a este tema.
Cuando los niños y adolescentes llegan por primera vez al centro, se nota cierta agresividad en su conducta y en el trato con sus compañeros. “Algunos se expresan con insultos y hasta con golpes”.
Los profesionales que trabajan en Inti Kanchay trabajan para canalizar la violencia en otras actividades y para ello utilizan una comunicación asertiva, de tal modo que ellos puedan entender a los demás.
APUNTES
Limpieza
Los niños y adolescentes que asisten al programa Inti Kanchay lavan sus uniformes escolares entre las 8.30 y 9.00 de la mañana.
Reflexión
La primera actividad que se realiza es una lectura de reflexión sobre diferentes temas y luego desayunan.
Estudio
Los educadores del centro realizan una actividad en alguna de las áreas que trabajan: educativa, social, de salud, psicológica, espiritual y ecológica.
Tareas
El programa reserva también un espacio para que los niños y adolescentes hagan sus deberes escolares.
Los educadores cumplen el rol de orientadores para resolver las dudas que tienen en la escuela, en alguna de las asignaturas.
Los niños almuerzan en el centro y se alistan para dirigirse a sus establecimientos educativos.
Equipo
El programa Inti Kanchay tiene un equipo multidisciplinario, conformado por profesionales de diferentes áreas, que trabajan en los diferentes componentes.
Por ejemplo, en la parte educativa se prioriza el apoyo escolar, sobre todo si hay problemas de aprendizaje en los niños. Se trata de evitar la deserción escolar.
En la parte psicológica se trabaja con las emociones, la parte afectiva.
En el área social se analiza cómo los niños se relacionan con su familia, sus amigos y compañeros.
La precaria economía de sus familias les obliga a trabajar en las calles
Sortea con agilidad los vehículos que están en fila sobre la avenida Blanco Galindo para ofrecer su trabajo como limpiador de parabrisas. Algunos conductores aceptan de buena gana su servicio, pero otros ni le permiten acercarse a sus movilidades.
Agustín tiene 10 años y es de contextura delgada. Viste un corto de color negro y una solera café. Se encuentra en la avenida Blanco Galindo, en el kilómetro 5 y medio.
Tiene entre sus manos un limpiavidrios y varios trapos. En un costado están sus dos baldes con agua, uno de ellos lleva detergente en polvo.
Trabaja como promedio tres días a la semana, de tres a seis de la tarde.
Agustín vive en la zona de Ironcollo, aproximadamente dos kilómetros al norte de Quillacollo, con sus siete hermanos y sus dos padres.
El niño asegura que la situación económica en su hogar es difícil, por lo que decidió trabajar como limpiaparabrisas, motivado por uno de sus compañeros de la escuela, Ramón.
Cuando tiene suerte lleva a su casa 40 bolivianos. Este dinero -explica- se lo entrega a su madre para que ella compre abarrotes y carne. El mayor de sus hermanos, Joaquín, de 16 años, se dedica a realizar malabarismos en el kilómetro tres de la avenida Capitán Víctor Ustáriz.
En seis meses de trabajo ahorró 300 bolivianos, al margen del dinero que le entrega a su madre. Cuenta que hace dos semanas fue a La Cancha para comprarse ropa: un pantalón, varias poleras y unas zapatillas deportivas.
Cuando sea grande, Agustín quiere ser odontólogo “para curar las caries de todos los niños y para que ellos no sufran de dolor”.
¿Qué piensa del trato que recibe de los adultos?
Afirma que algunos “son buenos”, porque le dejan acercarse a sus movilidades y le dan algunas monedas, pero otros son malhumorados y hacen funcionar sus parabrisas cuando él se acerca.
A las seis de la tarde, cuando el sol está a punto de perderse en el horizonte, Agustín agarra sus dos baldes, acomoda dentro de ellos los trapos que utiliza para su trabajo y levanta la mano para hacer detener uno de los minibuses que lo llevará hasta Quillacollo.
VIVE CON SU ABUELO
Recuerda vagamente a sus padres, por las fotografías que guarda en su vivienda de Cerro Verde.
Lucio, de ocho años, vive con su abuelo desde diciembre 2012 en una construcción de dos cuartos y una cocina, que su padre, albañil, hizo antes de partir para España.
Este niño se dedica a limpiar parabrisas en la avenida América cerca del IC Norte, junto con dos amigos que conoció en este mismo sector.
El dinero que recauda diariamente lo utiliza para ir al internet, comprarse ropa y darse alguno que otro gusto.
Lucio cuenta que su padre envía dinero todos los meses a su abuelo, desde España, para su alimentación, útiles escolares y hacer arreglos en su vivienda.
Se le ocurrió trabajar en la zona norte de la ciudad, porque sus amigos le aseguraron que ahí los conductores dan mejores propinas.
Este niño estudia en la tarde, por lo que llega hasta la avenida América a las 10 de la mañana y permanece en el lugar hasta cerca del mediodía.
Su intención, en un futuro no muy lejano es dedicarse a los malabares porque quiere ganar más dinero y ser admirado por la gente.
Otra de sus metas es aprender magia para asistir a cumpleaños y divertir a niños y adultos.
POBREZA
Los niños salen a las calles a trabajar porque en sus casas hay condiciones extremas de pobreza y provienen de familias numerosas, afirmó la directora ejecutiva nacional de Defensa de Niñas y Niños Internacional (DNI), Rina López Villarroel.
Relató el caso de un niño de 12 años que trabajaba y, por lo tanto, llevaba sobre sus espaldas el rol que deberían cumplir los progenitores.
“Este niño trabajaba durante todo el día en un taller de mecánica y no tenía tiempo para estudiar”, manifestó.
Recordó que un niño puede trabajar, siempre y cuando sea en el hogar, como parte de su educación, o en tareas de agricultura en el área rural, en apoyo a sus padres, pero siempre bajo la supervisión de un adulto.
López añadió que los niños no deben realizar trabajos nocturnos, porque eso va en detrimento de su salud.
Son diestros en matemáticas
Los niños que trabajan en el mercado Villarroel de la avenida América, como carretilleros, son diestros en matemáticas y bastante sociables, señaló la directora ejecutiva nacional de Defensa de Niñas y Niños Internacional (DNI), Rina López.
Según la observación realizada por DNI, en el mercado Villarroel hay por lo menos 15 niños carretilleros que trabajan los fines de semana en este espacio, al norte de la ciudad.
López afirmó que estos niños no abandonan la escuela y, al contrario, según el seguimiento que se les hizo en sus unidades educativas, ellos tienen buen avance en las materias de matemáticas y lenguaje.
“Hablan con mayor solvencia con los adultos porque están en contacto cotidiano con ellos”.
Agustín tiene 10 años y es de contextura delgada. Viste un corto de color negro y una solera café. Se encuentra en la avenida Blanco Galindo, en el kilómetro 5 y medio.
Tiene entre sus manos un limpiavidrios y varios trapos. En un costado están sus dos baldes con agua, uno de ellos lleva detergente en polvo.
Trabaja como promedio tres días a la semana, de tres a seis de la tarde.
Agustín vive en la zona de Ironcollo, aproximadamente dos kilómetros al norte de Quillacollo, con sus siete hermanos y sus dos padres.
El niño asegura que la situación económica en su hogar es difícil, por lo que decidió trabajar como limpiaparabrisas, motivado por uno de sus compañeros de la escuela, Ramón.
Cuando tiene suerte lleva a su casa 40 bolivianos. Este dinero -explica- se lo entrega a su madre para que ella compre abarrotes y carne. El mayor de sus hermanos, Joaquín, de 16 años, se dedica a realizar malabarismos en el kilómetro tres de la avenida Capitán Víctor Ustáriz.
En seis meses de trabajo ahorró 300 bolivianos, al margen del dinero que le entrega a su madre. Cuenta que hace dos semanas fue a La Cancha para comprarse ropa: un pantalón, varias poleras y unas zapatillas deportivas.
Cuando sea grande, Agustín quiere ser odontólogo “para curar las caries de todos los niños y para que ellos no sufran de dolor”.
¿Qué piensa del trato que recibe de los adultos?
Afirma que algunos “son buenos”, porque le dejan acercarse a sus movilidades y le dan algunas monedas, pero otros son malhumorados y hacen funcionar sus parabrisas cuando él se acerca.
A las seis de la tarde, cuando el sol está a punto de perderse en el horizonte, Agustín agarra sus dos baldes, acomoda dentro de ellos los trapos que utiliza para su trabajo y levanta la mano para hacer detener uno de los minibuses que lo llevará hasta Quillacollo.
VIVE CON SU ABUELO
Recuerda vagamente a sus padres, por las fotografías que guarda en su vivienda de Cerro Verde.
Lucio, de ocho años, vive con su abuelo desde diciembre 2012 en una construcción de dos cuartos y una cocina, que su padre, albañil, hizo antes de partir para España.
Este niño se dedica a limpiar parabrisas en la avenida América cerca del IC Norte, junto con dos amigos que conoció en este mismo sector.
El dinero que recauda diariamente lo utiliza para ir al internet, comprarse ropa y darse alguno que otro gusto.
Lucio cuenta que su padre envía dinero todos los meses a su abuelo, desde España, para su alimentación, útiles escolares y hacer arreglos en su vivienda.
Se le ocurrió trabajar en la zona norte de la ciudad, porque sus amigos le aseguraron que ahí los conductores dan mejores propinas.
Este niño estudia en la tarde, por lo que llega hasta la avenida América a las 10 de la mañana y permanece en el lugar hasta cerca del mediodía.
Su intención, en un futuro no muy lejano es dedicarse a los malabares porque quiere ganar más dinero y ser admirado por la gente.
Otra de sus metas es aprender magia para asistir a cumpleaños y divertir a niños y adultos.
POBREZA
Los niños salen a las calles a trabajar porque en sus casas hay condiciones extremas de pobreza y provienen de familias numerosas, afirmó la directora ejecutiva nacional de Defensa de Niñas y Niños Internacional (DNI), Rina López Villarroel.
Relató el caso de un niño de 12 años que trabajaba y, por lo tanto, llevaba sobre sus espaldas el rol que deberían cumplir los progenitores.
“Este niño trabajaba durante todo el día en un taller de mecánica y no tenía tiempo para estudiar”, manifestó.
Recordó que un niño puede trabajar, siempre y cuando sea en el hogar, como parte de su educación, o en tareas de agricultura en el área rural, en apoyo a sus padres, pero siempre bajo la supervisión de un adulto.
López añadió que los niños no deben realizar trabajos nocturnos, porque eso va en detrimento de su salud.
Son diestros en matemáticas
Los niños que trabajan en el mercado Villarroel de la avenida América, como carretilleros, son diestros en matemáticas y bastante sociables, señaló la directora ejecutiva nacional de Defensa de Niñas y Niños Internacional (DNI), Rina López.
Según la observación realizada por DNI, en el mercado Villarroel hay por lo menos 15 niños carretilleros que trabajan los fines de semana en este espacio, al norte de la ciudad.
López afirmó que estos niños no abandonan la escuela y, al contrario, según el seguimiento que se les hizo en sus unidades educativas, ellos tienen buen avance en las materias de matemáticas y lenguaje.
“Hablan con mayor solvencia con los adultos porque están en contacto cotidiano con ellos”.
trabajo Infantil Juan Carlos es un destacado alumno
Richard y Juan Carlos aseguran que no han descuidado sus estudios. Asisten a escuelas de Quillacollo, el mayor cursa el sexto grado y el menor el quinto de primaria. Juan Carlos dice que tiene como promedio 75 sobre 100 en casi todas las materias y es apasionado por las matemáticas, lenguaje, artes plásticas, inglés y quechua.
Primos hacen malabares con tres antorchas en 20 segundos
Solo requieren de 20 segundos para presentar su espectáculo. Richard, de 10 años, y Juan Carlos, de 11, hacen malabares en la intersección de las avenidas América y Melchor Pérez de Holguín. Utilizan tres palos chinos, con trapos en las puntas, en las que prenden fuego.
Cuando el semáforo se coloca en rojo, los dos niños que se encuentran sentados en la jardinera central se ponen de pie, como impulsados por resortes, se dirigen con presteza hasta el carril central de la vía y empiezan una de sus rutinas. El menor, Richard, se coloca de cuatro patas y Juan Carlos se equilibra sobre su espalda para hacer malabares con las tres antorchas.
Juan Carlos realiza con precisión esta rutina, casi de memoria. Cuando el semáforo está a punto de cambiar a verde, se baja de la espalda de su primo, apaga el fuego de las tres antorchas y se dirige, con la mano extendida, hacia los autos que empiezan a circular por la vía.
Sus menudas figuras, de no más de 1.30 de altura, se pierden entre los vehículos que circulan por esta avenida, de oeste a este, y aprovechan un espacio que hay entre los autos para salir a la jardinera, dando un ágil brinco.
"Algunos días tenemos suerte", afirma Juan Carlos, el niño de once años, tras recibir una propina de uno de los ocasionales espectadores. Con una sonrisa que delata su satisfacción muestra la moneda de cinco bolivianos que acaba de entregarle el conductor de un vehículo particular. Llega hasta la jardinera e introduce el dinero en una botella de plástico que está cortada por la mitad. En este recipiente hay querosén que utiliza para mojar las antorchas con las que realiza los malabares.
DESDE QUILLACOLLO
Los dos niños viven en el municipio de Quillacollo, en la zona de Villa Moderna, cinco cuadras al norte de la avenida Blanco Galindo, y recorren los 13 kilómetros que separan a esta ciudad de Cochabamba en un trufi que sale de la plaza Bolívar.
Llegan hasta la avenida América y Melchor Pérez de Holguín a las seis de la tarde y su jornada se extiende hasta las 10 de la noche. En algunas ocasiones, cuando sus actuaciones son fructíferas, ellos deciden quedarse una hora más.
Al retorno, cuando llegan a Quillacollo, comen "unos pollitos" de ocho bolivianos y después de saciar su hambre se dirigen a sus hogares.
LIMPIABA PARABRISAS
Uno de los amigos de Juan Carlos le animó a trabajar. Consiguió un balde y varios trapos y empezó como limpiador de parabrisas en el Viaducto, sobre el kilómetro 2.5 de la avenida Blanco Galindo.
Después de tres meses de realizar esta actividad y al percatarse de que los resultados económicos no eran los más alentadores, el niño decidió cambiar de rubro y convertirse en un malabarista, como aquellos que hacían volar por los aires más de tres pelotas, palos o platillos.
Observando la destreza de los malabaristas callejeros y tras recibir los consejos de su amigo, Juan Carlos empezó a practicar primero con tres limones. Asegura que no le tomó más de un par de meses dominar esta técnica y pasó a la siguiente etapa, las antorchas.
Una vez que logró dominar las antorchas, convenció a su primo Richard para trabajar en Cochabamba y juntos decidieron ubicarse en la avenida América y Melchor Pérez de Holguín.
Juan Carlos confiesa que en un par de oportunidades las antorchas que hacía girar en el aire le cayeron sobre el antebrazo, pero sin causarle daños mayores, solo un susto del cual se repuso inmediatamente porque debía ir por su recompensa antes de que los vehículos comenzaran a avanzar.
Su primo Richard practica también para dominar las antorchas, pero señala que no es tan diestro aún. Espera pulir su técnica en dos meses.
Cuando la suerte está de su lado, estos niños logran reunir hasta 120 bolivianos, dinero que lo reparten en forma equitativa, 60 para cada uno de ellos. Pero también hay jornadas que no son tan productivas y solo logran acumular 40 bolivianos.
Ambos niños aseguran que parte del dinero que ganan con su actividad de malabaristas se lo entregan a sus padres, reservándose una buena cantidad para comprarse ropa, zapatos y satisfacer algunos de sus gustos.
El semáforo cambia nuevamente a rojo, los dos niños se ponen de pie, como lo han venido haciendo durante las últimas tres horas y hacen girar las antorchas, mientras algunos de los conductores los observan con atención desde sus vehículos.
Cuando el semáforo se coloca en rojo, los dos niños que se encuentran sentados en la jardinera central se ponen de pie, como impulsados por resortes, se dirigen con presteza hasta el carril central de la vía y empiezan una de sus rutinas. El menor, Richard, se coloca de cuatro patas y Juan Carlos se equilibra sobre su espalda para hacer malabares con las tres antorchas.
Juan Carlos realiza con precisión esta rutina, casi de memoria. Cuando el semáforo está a punto de cambiar a verde, se baja de la espalda de su primo, apaga el fuego de las tres antorchas y se dirige, con la mano extendida, hacia los autos que empiezan a circular por la vía.
Sus menudas figuras, de no más de 1.30 de altura, se pierden entre los vehículos que circulan por esta avenida, de oeste a este, y aprovechan un espacio que hay entre los autos para salir a la jardinera, dando un ágil brinco.
"Algunos días tenemos suerte", afirma Juan Carlos, el niño de once años, tras recibir una propina de uno de los ocasionales espectadores. Con una sonrisa que delata su satisfacción muestra la moneda de cinco bolivianos que acaba de entregarle el conductor de un vehículo particular. Llega hasta la jardinera e introduce el dinero en una botella de plástico que está cortada por la mitad. En este recipiente hay querosén que utiliza para mojar las antorchas con las que realiza los malabares.
DESDE QUILLACOLLO
Los dos niños viven en el municipio de Quillacollo, en la zona de Villa Moderna, cinco cuadras al norte de la avenida Blanco Galindo, y recorren los 13 kilómetros que separan a esta ciudad de Cochabamba en un trufi que sale de la plaza Bolívar.
Llegan hasta la avenida América y Melchor Pérez de Holguín a las seis de la tarde y su jornada se extiende hasta las 10 de la noche. En algunas ocasiones, cuando sus actuaciones son fructíferas, ellos deciden quedarse una hora más.
Al retorno, cuando llegan a Quillacollo, comen "unos pollitos" de ocho bolivianos y después de saciar su hambre se dirigen a sus hogares.
LIMPIABA PARABRISAS
Uno de los amigos de Juan Carlos le animó a trabajar. Consiguió un balde y varios trapos y empezó como limpiador de parabrisas en el Viaducto, sobre el kilómetro 2.5 de la avenida Blanco Galindo.
Después de tres meses de realizar esta actividad y al percatarse de que los resultados económicos no eran los más alentadores, el niño decidió cambiar de rubro y convertirse en un malabarista, como aquellos que hacían volar por los aires más de tres pelotas, palos o platillos.
Observando la destreza de los malabaristas callejeros y tras recibir los consejos de su amigo, Juan Carlos empezó a practicar primero con tres limones. Asegura que no le tomó más de un par de meses dominar esta técnica y pasó a la siguiente etapa, las antorchas.
Una vez que logró dominar las antorchas, convenció a su primo Richard para trabajar en Cochabamba y juntos decidieron ubicarse en la avenida América y Melchor Pérez de Holguín.
Juan Carlos confiesa que en un par de oportunidades las antorchas que hacía girar en el aire le cayeron sobre el antebrazo, pero sin causarle daños mayores, solo un susto del cual se repuso inmediatamente porque debía ir por su recompensa antes de que los vehículos comenzaran a avanzar.
Su primo Richard practica también para dominar las antorchas, pero señala que no es tan diestro aún. Espera pulir su técnica en dos meses.
Cuando la suerte está de su lado, estos niños logran reunir hasta 120 bolivianos, dinero que lo reparten en forma equitativa, 60 para cada uno de ellos. Pero también hay jornadas que no son tan productivas y solo logran acumular 40 bolivianos.
Ambos niños aseguran que parte del dinero que ganan con su actividad de malabaristas se lo entregan a sus padres, reservándose una buena cantidad para comprarse ropa, zapatos y satisfacer algunos de sus gustos.
El semáforo cambia nuevamente a rojo, los dos niños se ponen de pie, como lo han venido haciendo durante las últimas tres horas y hacen girar las antorchas, mientras algunos de los conductores los observan con atención desde sus vehículos.
Unos 50 niños malabaristas exponen sus vidas por 100 bolivianos al día
Johnny Rojas, malabarista de ocho años, había terminado su rutina en la avenida Blanco Galindo y se aprestaba a recoger las monedas que le ofrecían los conductores. Sin embargo, el niño no se percató de que un motociclista avanzaba velozmente por el carril central y antes de que pudiera reaccionar sintió un golpe que le hizo rodar sobre el asfalto.
Cuatro personas que habían presenciado el accidente en el kilómetro cinco y medio de esa vía, el viernes 13 de mayo, auxiliaron al niño y lo trasladaron hasta un hospital cercano para una revisión general.
Al igual que Johnny, al menos medio centenar de niños trabaja en las calles y avenidas de la ciudad, según estimaciones hechas por responsables de instituciones que apoyan a esta población, quienes prefirieron, no obstante, mantener sus nombres en reserva porque no cuentan aún con los datos oficiales.
Los niños malabaristas ganan entre 70 y 180 bolivianos, según un diagnóstico que hizo la Alcaldía de Cercado.
La educadora del programa Audiovisuales Educativos (AVE) Lizeth Salazar Bustos aseguró que si bien no se puede precisar cuántos niños malabaristas trabajan en las calles, señaló que en la fundación “Enseñarte” hay unos 50 menores que aprenden las artes circenses.
Muchos de los niños que aprenden malabares en esta fundación salen a trabajar a las calles de la ciudad, pero con supervisión de algún adulto.
Hay otros menores que aprenden por su cuenta y se sitúan en las avenidas para ganar dinero.
Salazar apuntó que en Cercado hay un grupo importante de niños que ejecuta diferentes rutinas de malabarismo y otro, también numeroso, en el municipio de Quillacollo.
Uno de ellos es Johnny Rojas, quien vive en la zona norte de Quillacollo y se traslada todos los días hasta la avenida Blanco Galindo, jurisdicción de Cercado.
Una semana después de haber sufrido un accidente, el niño salió a trabajar nuevamente a las calles como malabarista.
En una visita que realizamos a su hogar el viernes 20 de mayo, la madre del niño, Sabina Solís, señaló que su hijo había ido a trabajar, pero no sabía a dónde ni a qué hora regresaría.
La mujer afirmó que su hijo estaba restablecido y que el accidente no había sido de gravedad.
Sabina no trabaja, solo su esposo, por lo que el dinero que trae su hijo al hogar es de gran ayuda para esta familia de siete miembros (cinco hijos y la pareja de esposos).
“Ellos (dos de sus hijos) ganan buen dinero. A veces traen 60 bolivianos, o más. Eso nos ayuda bastante”, afirmó la madre.
CENSO
Ninguna de las instituciones que apoya a los niños trabajadores en Cercado se animó a dar una cifra porque esta población fluctúa cada día y hasta la fecha no se ha concluido un censo para precisar los datos.
En este sentido, la Defensoría de la Niñez y Adolescencia del municipio de Cochabamba se propuso censar en su jurisdicción a los niños trabajadores, especialmente a los que realizan malabares y a los que limpian parabrisas o venden dulces en horarios nocturnos.
El jefe de las Defensorías de Cercado, Juan Carlos Sánchez, informó que el censo para conocer el número exacto de niños trabajadores está en marcha y la idea es saber también a qué se dedican.
El funcionario público mencionó que muchos de los niños que están en situación de calle se dedican a limpiar parabrisas, realizar algún malabarismo en medio de los vehículos e incluso mendigar, enviados y supervisados por sus padres.
Sánchez prefirió no dar, por el momento, ninguna cifra sobre el número de niños que trabaja en la calle hasta que el censo haya concluido. La meta de la Alcaldía era acabar el empadronamiento este mes, pero por algunas dificultades que se presentaron, la tarea se extenderá hasta mediados de junio.
La coordinadora del proyecto Inti Kanchay (el sol que te alumbra), Alina Arellano, señaló que ellos como fundación “Estrellas en la calle” tienen la intención de realizar un censo para saber cuántos niños trabajan en la calle.
En su percepción, el número de menores que trabaja en las calles está disminuyendo, tras la polémica que hubo sobre el trabajo infantil.
Arellano advirtió que los niños que trabajan en la calle como malabaristas están en constante riesgo debido a que caminan en medio de los vehículos y “lamentablemente muchos conductores no respetan los semáforos y atropellan a los niños”.
INGRESOS
Según un diagnóstico que hizo la Alcaldía de Cochabamba para conocer la situación de los niños que trabajan en las calles, se pudo verificar que hay dos grupos: el primero que ayuda a sus padres en el mercado, vendiendo algún producto en los días de feria; y el segundo, aquellos que trabajan por cuenta propia, sin la supervisión de un adulto.
Muchos de los niños y adolescentes que trabajan como malabaristas o limpiadores de parabrisas, según el diagnóstico, han abandonado el colegio.
El ingreso diario de estos trabajadores oscila entre 70 y 180 bolivianos. Este dinero lo utilizan en la compra de alimentos para su familia, ropa, material escolar e internet.
Para provocar pena en las personas que observan sus malabares o de los conductores que limpian sus vidrios, los niños “han aprendido que cuanto más sucios estén pueden obtener más dinero”.
La Alcaldía logró llegar a los hogares de los menores y verificó que la mayor parte de ellos tiene una familia establecida. Los padres confesaron que sus hijos salen sin permiso, sin decir adónde van ni a qué se dedican.
El dinero que obtienen, en la mayor parte de los casos, lo administran ellos mismos y no se lo entregan a sus padres.
ABANDONO
El diagnóstico realizado por la Alcaldía evidenció que en las familias de estos niños existe abandono físico y emocional de parte de los padres, porque la mayor parte del tiempo los progenitores están fuera de la casa.
En estas familias se ha identificado que existe violencia y carencias económicas, además de mendicidad forzada, lo que es un delito. Los padres envían a los más pequeños a las calles.
En algunos casos, las madres mandan a todos sus hijos a la calle para pedir limosna. Una vez que ha concluido la jornada les piden el dinero que recaudan. Otros niños entregan a sus padres solo una mínima parte de lo que consiguen y se quedan con el resto.
Los niños escapan de sus hogares si sus padres les imponen castigos físicos o cuando les obligan a salir para trabajar en las calles.
Los pequeños malabaristas o que limpian parabrisas se ubican en diferentes puntos de la avenida Blanco Galindo (rotonda Perú, Viaducto y kilómetro 5.5), en la Víctor Ustáriz, en la avenida América y Melchor Pérez.
Los niños salen también a trabajar de noche, a vender dulces o flores en locales donde se vende alcohol, pero con la supervisión de sus padres.
LOS RIESGOS
Además del riesgo permanente de sufrir un accidente en la calle, los niños están en contacto con personas en situación de calle (menores y mayores), que son consumidoras de sustancias adictivas como la clefa y el alcohol.
La coordinadora del proyecto Inti Kanchay, Alina Arellano, confirmó que los niños que trabajan en la calle están en riesgo de caer en el consumo de drogas. Por este motivo, como parte de su programa, les hablan sobre este tema y los peligros de convertirse en un adicto.
Arellano pidió a la población que si ve que un niño está en la calle todo el día dé parte a la Defensoría u otra institución “para que se tome alguna medida. Se debe averiguar por la situación de este menor”.
“Si no tomamos una medida con los niños que están todo el día en la calle, pronto los vamos a ver viviendo en la calle e inhalando clefa”.
ES UN ERROR
El jefe de las Defensorías del municipio de Cochabamba, Juan Carlos Sánchez, advirtió que es un error que un adulto le dé dinero a un niño que trabaja en la calle, porque de esa manera lo está motivando a quedarse en ese espacio.
Los funcionarios que hicieron el diagnóstico de los niños que trabajan en la calle convencían a los pequeños a regresar a sus hogares, pero cuando éstos tenían una racha de buena suerte, haciendo malabares, decidían permanecer más tiempo.
“Nosotros decimos, el boliviano que destruye al boliviano”, puntualizó Sánchez.
Muchos de los niños que recaudan 20 bolivianos, o más, en una hora deciden quedarse a trabajar en la calle incluso cuando tienen algún malestar, como un dolor de muelas.
Recordó que el rol de un niño es estudiar y jugar, pero cuando él cree que puede sustentarse ejecutando malabares, deja todo y convierte la calle en su espacio de supervivencia, en el que puede trabajar para subsistir.
Muchos de los niños salen a trabajar en la mañana y después de un receso a mediodía se quedan incluso hasta las 11 de la noche.
Edad mínima para trabajar
* El Código Niña, Niño y Adolescente (Ley 548) del 17 de julio de 2014 establece en su artículo 129, parágrafo I, que “se fija como edad mínima para trabajar los 14 años”.
* El parágrafo II de este mismo artículo señala que excepcionalmente las Defensorías de la Niñez y Adolescencia podrán autorizar la actividad laboral por cuenta propia realizada por niñas, niños o adolescentes de 10 a 14 años.
* La actividad laboral por cuenta ajena, de adolescentes de 12 a 14 años, será permitida, según este mismo código siempre que ésta no menoscabe su derecho a la educación, no sea peligrosa, insalubre, atentatoria a su dignidad y desarrollo integral, o se encuentre expresamente prohibido por la ley.
Autorización
* El artículo 131 de la norma señala que la niña, niño y adolescente de 10 a 18 años debe asentir libremente su voluntad de realizar cualquier actividad laboral o de trabajo.
* El empleador está obligado a contar con permiso escrito de los padres o tutores, según corresponda, mediante formulario emitido por el Ministerio de Trabajo.
* Las Defensorías de la Niñez y Adolescencia autorizarán la actividad laboral y el trabajo por cuenta propia.
* En todos los casos, las Defensorías, antes de conceder la autorización, deberán gestionar una valoración médica integral, que acredite su salud, capacidad física y mental para el desempeño de la actividad laboral o trabajo.
Seguridad social
* El artículo 137 indica que el adolescente trabajador tiene derecho a ser inscrito obligatoriamente en el sistema de seguridad social y gozará de todos los beneficios que brinda este sistema, en las mismas condiciones previstas para los mayores de 18 años.
* Los adolescentes que trabajan por cuenta propia podrán afiliarse voluntariamente al sistema de seguridad social. El aporte será fijado considerando su capacidad de pago.
* Los Gobiernos Departamentales y los Municipales son responsables de promover el diseño de planes destinados a orientar a los adolescentes trabajadores para que efectúen las aportaciones correspondientes al sistema de seguridad social.
Cuatro personas que habían presenciado el accidente en el kilómetro cinco y medio de esa vía, el viernes 13 de mayo, auxiliaron al niño y lo trasladaron hasta un hospital cercano para una revisión general.
Al igual que Johnny, al menos medio centenar de niños trabaja en las calles y avenidas de la ciudad, según estimaciones hechas por responsables de instituciones que apoyan a esta población, quienes prefirieron, no obstante, mantener sus nombres en reserva porque no cuentan aún con los datos oficiales.
Los niños malabaristas ganan entre 70 y 180 bolivianos, según un diagnóstico que hizo la Alcaldía de Cercado.
La educadora del programa Audiovisuales Educativos (AVE) Lizeth Salazar Bustos aseguró que si bien no se puede precisar cuántos niños malabaristas trabajan en las calles, señaló que en la fundación “Enseñarte” hay unos 50 menores que aprenden las artes circenses.
Muchos de los niños que aprenden malabares en esta fundación salen a trabajar a las calles de la ciudad, pero con supervisión de algún adulto.
Hay otros menores que aprenden por su cuenta y se sitúan en las avenidas para ganar dinero.
Salazar apuntó que en Cercado hay un grupo importante de niños que ejecuta diferentes rutinas de malabarismo y otro, también numeroso, en el municipio de Quillacollo.
Uno de ellos es Johnny Rojas, quien vive en la zona norte de Quillacollo y se traslada todos los días hasta la avenida Blanco Galindo, jurisdicción de Cercado.
Una semana después de haber sufrido un accidente, el niño salió a trabajar nuevamente a las calles como malabarista.
En una visita que realizamos a su hogar el viernes 20 de mayo, la madre del niño, Sabina Solís, señaló que su hijo había ido a trabajar, pero no sabía a dónde ni a qué hora regresaría.
La mujer afirmó que su hijo estaba restablecido y que el accidente no había sido de gravedad.
Sabina no trabaja, solo su esposo, por lo que el dinero que trae su hijo al hogar es de gran ayuda para esta familia de siete miembros (cinco hijos y la pareja de esposos).
“Ellos (dos de sus hijos) ganan buen dinero. A veces traen 60 bolivianos, o más. Eso nos ayuda bastante”, afirmó la madre.
CENSO
Ninguna de las instituciones que apoya a los niños trabajadores en Cercado se animó a dar una cifra porque esta población fluctúa cada día y hasta la fecha no se ha concluido un censo para precisar los datos.
En este sentido, la Defensoría de la Niñez y Adolescencia del municipio de Cochabamba se propuso censar en su jurisdicción a los niños trabajadores, especialmente a los que realizan malabares y a los que limpian parabrisas o venden dulces en horarios nocturnos.
El jefe de las Defensorías de Cercado, Juan Carlos Sánchez, informó que el censo para conocer el número exacto de niños trabajadores está en marcha y la idea es saber también a qué se dedican.
El funcionario público mencionó que muchos de los niños que están en situación de calle se dedican a limpiar parabrisas, realizar algún malabarismo en medio de los vehículos e incluso mendigar, enviados y supervisados por sus padres.
Sánchez prefirió no dar, por el momento, ninguna cifra sobre el número de niños que trabaja en la calle hasta que el censo haya concluido. La meta de la Alcaldía era acabar el empadronamiento este mes, pero por algunas dificultades que se presentaron, la tarea se extenderá hasta mediados de junio.
La coordinadora del proyecto Inti Kanchay (el sol que te alumbra), Alina Arellano, señaló que ellos como fundación “Estrellas en la calle” tienen la intención de realizar un censo para saber cuántos niños trabajan en la calle.
En su percepción, el número de menores que trabaja en las calles está disminuyendo, tras la polémica que hubo sobre el trabajo infantil.
Arellano advirtió que los niños que trabajan en la calle como malabaristas están en constante riesgo debido a que caminan en medio de los vehículos y “lamentablemente muchos conductores no respetan los semáforos y atropellan a los niños”.
INGRESOS
Según un diagnóstico que hizo la Alcaldía de Cochabamba para conocer la situación de los niños que trabajan en las calles, se pudo verificar que hay dos grupos: el primero que ayuda a sus padres en el mercado, vendiendo algún producto en los días de feria; y el segundo, aquellos que trabajan por cuenta propia, sin la supervisión de un adulto.
Muchos de los niños y adolescentes que trabajan como malabaristas o limpiadores de parabrisas, según el diagnóstico, han abandonado el colegio.
El ingreso diario de estos trabajadores oscila entre 70 y 180 bolivianos. Este dinero lo utilizan en la compra de alimentos para su familia, ropa, material escolar e internet.
Para provocar pena en las personas que observan sus malabares o de los conductores que limpian sus vidrios, los niños “han aprendido que cuanto más sucios estén pueden obtener más dinero”.
La Alcaldía logró llegar a los hogares de los menores y verificó que la mayor parte de ellos tiene una familia establecida. Los padres confesaron que sus hijos salen sin permiso, sin decir adónde van ni a qué se dedican.
El dinero que obtienen, en la mayor parte de los casos, lo administran ellos mismos y no se lo entregan a sus padres.
ABANDONO
El diagnóstico realizado por la Alcaldía evidenció que en las familias de estos niños existe abandono físico y emocional de parte de los padres, porque la mayor parte del tiempo los progenitores están fuera de la casa.
En estas familias se ha identificado que existe violencia y carencias económicas, además de mendicidad forzada, lo que es un delito. Los padres envían a los más pequeños a las calles.
En algunos casos, las madres mandan a todos sus hijos a la calle para pedir limosna. Una vez que ha concluido la jornada les piden el dinero que recaudan. Otros niños entregan a sus padres solo una mínima parte de lo que consiguen y se quedan con el resto.
Los niños escapan de sus hogares si sus padres les imponen castigos físicos o cuando les obligan a salir para trabajar en las calles.
Los pequeños malabaristas o que limpian parabrisas se ubican en diferentes puntos de la avenida Blanco Galindo (rotonda Perú, Viaducto y kilómetro 5.5), en la Víctor Ustáriz, en la avenida América y Melchor Pérez.
Los niños salen también a trabajar de noche, a vender dulces o flores en locales donde se vende alcohol, pero con la supervisión de sus padres.
LOS RIESGOS
Además del riesgo permanente de sufrir un accidente en la calle, los niños están en contacto con personas en situación de calle (menores y mayores), que son consumidoras de sustancias adictivas como la clefa y el alcohol.
La coordinadora del proyecto Inti Kanchay, Alina Arellano, confirmó que los niños que trabajan en la calle están en riesgo de caer en el consumo de drogas. Por este motivo, como parte de su programa, les hablan sobre este tema y los peligros de convertirse en un adicto.
Arellano pidió a la población que si ve que un niño está en la calle todo el día dé parte a la Defensoría u otra institución “para que se tome alguna medida. Se debe averiguar por la situación de este menor”.
“Si no tomamos una medida con los niños que están todo el día en la calle, pronto los vamos a ver viviendo en la calle e inhalando clefa”.
ES UN ERROR
El jefe de las Defensorías del municipio de Cochabamba, Juan Carlos Sánchez, advirtió que es un error que un adulto le dé dinero a un niño que trabaja en la calle, porque de esa manera lo está motivando a quedarse en ese espacio.
Los funcionarios que hicieron el diagnóstico de los niños que trabajan en la calle convencían a los pequeños a regresar a sus hogares, pero cuando éstos tenían una racha de buena suerte, haciendo malabares, decidían permanecer más tiempo.
“Nosotros decimos, el boliviano que destruye al boliviano”, puntualizó Sánchez.
Muchos de los niños que recaudan 20 bolivianos, o más, en una hora deciden quedarse a trabajar en la calle incluso cuando tienen algún malestar, como un dolor de muelas.
Recordó que el rol de un niño es estudiar y jugar, pero cuando él cree que puede sustentarse ejecutando malabares, deja todo y convierte la calle en su espacio de supervivencia, en el que puede trabajar para subsistir.
Muchos de los niños salen a trabajar en la mañana y después de un receso a mediodía se quedan incluso hasta las 11 de la noche.
Edad mínima para trabajar
* El Código Niña, Niño y Adolescente (Ley 548) del 17 de julio de 2014 establece en su artículo 129, parágrafo I, que “se fija como edad mínima para trabajar los 14 años”.
* El parágrafo II de este mismo artículo señala que excepcionalmente las Defensorías de la Niñez y Adolescencia podrán autorizar la actividad laboral por cuenta propia realizada por niñas, niños o adolescentes de 10 a 14 años.
* La actividad laboral por cuenta ajena, de adolescentes de 12 a 14 años, será permitida, según este mismo código siempre que ésta no menoscabe su derecho a la educación, no sea peligrosa, insalubre, atentatoria a su dignidad y desarrollo integral, o se encuentre expresamente prohibido por la ley.
Autorización
* El artículo 131 de la norma señala que la niña, niño y adolescente de 10 a 18 años debe asentir libremente su voluntad de realizar cualquier actividad laboral o de trabajo.
* El empleador está obligado a contar con permiso escrito de los padres o tutores, según corresponda, mediante formulario emitido por el Ministerio de Trabajo.
* Las Defensorías de la Niñez y Adolescencia autorizarán la actividad laboral y el trabajo por cuenta propia.
* En todos los casos, las Defensorías, antes de conceder la autorización, deberán gestionar una valoración médica integral, que acredite su salud, capacidad física y mental para el desempeño de la actividad laboral o trabajo.
Seguridad social
* El artículo 137 indica que el adolescente trabajador tiene derecho a ser inscrito obligatoriamente en el sistema de seguridad social y gozará de todos los beneficios que brinda este sistema, en las mismas condiciones previstas para los mayores de 18 años.
* Los adolescentes que trabajan por cuenta propia podrán afiliarse voluntariamente al sistema de seguridad social. El aporte será fijado considerando su capacidad de pago.
* Los Gobiernos Departamentales y los Municipales son responsables de promover el diseño de planes destinados a orientar a los adolescentes trabajadores para que efectúen las aportaciones correspondientes al sistema de seguridad social.
30 abril 2016
Niños alistan defensa del trabajo infantil ante OIT
Las Niñas, Niños y Adolescentes Trabajadores de Bolivia (NNAT) preparan una exposición oral y documentos en defensa del trabajo infantil, ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que se reunirá en mayo en Ginebra.
“Se está preparando documentos y testimonios. Se llevará a un grupo de niños y niñas trabajadores a Ginebra (Suiza) para que hagan conferencias paralelas en defensa del trabajo infantil”, informó ayer el ministro de Educación, Roberto Aguilar, en el II Encuentro Plurinacional en Educación de Niñas, Niños y Adolescentes trabajadores. Este y otros temas serán tratados en el encuentro que concluye hoy en el salón Auditórium, en Sopocachi de la ciudad de La Paz.
El Código Niña, Niño y Adolescentes, promulgado en 2014, fija los 14 años como la edad mínima para trabajar. Excepcionalmente, las Defensorías de la Niñez y Adolescencia pueden autorizar la actividad laboral por cuenta propia para personas de 10 a 14 años; y por cuenta ajena, para 12 y 14. La condición es que no se afecte su derecho a la educación.
Aguilar recordó que el trabajo infantil desde los 10 años fue cuestionado por la OIT bajo la advertencia de una posible sanción a Bolivia. La autoridad sostuvo que éste no es un tema arbitrario del Estado.
El jefe de la Unidad de Políticas Intracultural, Intercultural y Plurilingüismo (UPIIP), del Ministerio de Educación, Wálter Gutiérrez, dijo que los mismos niños trabajadores pidieron asumir su defensa. “Llevarán una propuesta. También se hará reuniones con los ministerios de Trabajo y de Justicia para sustentar nuestra posición y defender el Código 548”.
Según la representante de los NNAT en La Paz, Lizet Castro, una de las estrategias de la defensa será contar las experiencias. “Nuestra posición es defender nuestra realidad. Ellos (OIT) no saben cómo es trabajar día a día y qué esfuerzos hacemos para estudiar”.
Derechos. El Censo de 2012 registró a 300.000 niños trabajadores en el país. Datos recientes del Ministerio de Educación, con base en el Registro Único de Estudiantes (RUDE), indican que existen 34.000 inscritos en los colegios que trabajan y estudian.
Educación remarcó ayer que este encuentro de los NNAT busca adaptar un currículo educativo que fortalezca ciertas áreas o incorporar otras para que puedan desarrollar una actividad adecuada. En dicha reunión se discutirá alternativas como la adecuación de días u horarios de clases para un niño que trabaja, apuntó Gutiérrez.
Para este objetivo, el Ministerio de Educación propondrá un plan de acción para operativizar un programa de atención diferenciada para los niños trabajadores.
Éste incluye un programa de nivelación y apoyo pedagógico para estudiantes trabajadores con rezago escolar. “Un niño trabajador improvisa y en ocasiones utiliza gradas u otros espacios para hacer las tareas, y puede ser que se proporcione una mochila o tablero”, comentó el jefe de la UPIIP. Para reforzar el plan se trabajará en el programa de sensibilización dirigido a maestros y autoridades. Se propondrá un sistema de asignación de becas de universidades.
19 abril 2016
New York Times emite reportaje sobre trabajo infantil en Bolivia
La versión digital del diario norteamericano The New York Times lanzó un reportaje visual (video) sobre el trabajo infantil en Bolivia, donde se destaca que es el único país del mundo que lo autoriza legalmente.
“Un millón de niños hacen algún tipo de trabajo infantil ( ). El año pasado fue legitimado mediante una ley. La edad legal para trabajar es ahora de 10 años. Cuando cumplen 12 años incluso pueden firmar un contrato”, dice el audio del video.
El minidocumental presenta el caso de los hijos de la familia López Camino, que trabajan todos haciendo pan y galletas, que luego los hijos venden en las calles. Se contrasta ese caso con el de los niños, a veces menores de 10 años, que trabajan en ladrilleras de la zona Alpacoma de La Paz.
La nota del New York Times incluye entrevistas a especialistas, por ejemplo a Rouzena Zuazo, quien señala que haber permitido el trabajo infantil desde los 12 años es vulnera un derecho internacional importante.
El trabajo infantil está normando mediante el Convenio 138 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), suscrita por Bolivia y de supuesto cumplimiento obligatorio por parte de todos los países. La resolución establece que los menores pueden trabajar en países en vías en desarrollo solo desde los 13 años, siempre que sean labores ligeras y no peligrosas.
En 2014, el Gobierno del presidente Evo Morales promovió una ley que establece que el trabajo infantil en el país puede desarrollarse desde los 10 años, el único país del mundo en haber aprobado una norma de ese tipo. Según la OIT, que critica esa norma, el país ha violado los acuerdos internacionales, que la CPE boliviana adopta como norma local.
En 1997 se fijó la edad de 14 años como la mínima para trabajar en Bolivia, cuando el país ratificó el Convenio 138.
La ley boliviana contrasta con la tendencia mundial de intentar elevar paulatinamente la edad mínima de derecho al trabajo.
La norma internacional establece que nadie menor de 18 años, ya sea de país desarrollado o no, puede realizar trabajo peligroso, pero en Bolivia ello es común. Existen niños trabajando en minas, ladrilleras, fábricas y otros oficios de riesgo.
En junio de 2015, agencias internacionales informaron que la delegación boliviana ante la OIT, encargada de defender por qué Bolivia aceptó el trabajo infantil desde los 10 años, “quedó muy mal parada” en la sesión y “perdió el apoyo irrestricto” que tenía de los países del Grulac (América Latina y el Caribe).
La agencia de noticias Télam de Argentina agregó que “el caso de Bolivia, cuya legislación contempla el trabajo desde los 10 años, fue centro de duros debates en la Comisión de Aplicación de Normas y generó malestar en los representantes de los países del Grulac”.
En su defensa, el gobierno de Evo Morales argumentó que el trabajo desde edad temprana es una cuestión cultural en Bolivia. (ANF).
“Un millón de niños hacen algún tipo de trabajo infantil ( ). El año pasado fue legitimado mediante una ley. La edad legal para trabajar es ahora de 10 años. Cuando cumplen 12 años incluso pueden firmar un contrato”, dice el audio del video.
El minidocumental presenta el caso de los hijos de la familia López Camino, que trabajan todos haciendo pan y galletas, que luego los hijos venden en las calles. Se contrasta ese caso con el de los niños, a veces menores de 10 años, que trabajan en ladrilleras de la zona Alpacoma de La Paz.
La nota del New York Times incluye entrevistas a especialistas, por ejemplo a Rouzena Zuazo, quien señala que haber permitido el trabajo infantil desde los 12 años es vulnera un derecho internacional importante.
El trabajo infantil está normando mediante el Convenio 138 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), suscrita por Bolivia y de supuesto cumplimiento obligatorio por parte de todos los países. La resolución establece que los menores pueden trabajar en países en vías en desarrollo solo desde los 13 años, siempre que sean labores ligeras y no peligrosas.
En 2014, el Gobierno del presidente Evo Morales promovió una ley que establece que el trabajo infantil en el país puede desarrollarse desde los 10 años, el único país del mundo en haber aprobado una norma de ese tipo. Según la OIT, que critica esa norma, el país ha violado los acuerdos internacionales, que la CPE boliviana adopta como norma local.
En 1997 se fijó la edad de 14 años como la mínima para trabajar en Bolivia, cuando el país ratificó el Convenio 138.
La ley boliviana contrasta con la tendencia mundial de intentar elevar paulatinamente la edad mínima de derecho al trabajo.
La norma internacional establece que nadie menor de 18 años, ya sea de país desarrollado o no, puede realizar trabajo peligroso, pero en Bolivia ello es común. Existen niños trabajando en minas, ladrilleras, fábricas y otros oficios de riesgo.
En junio de 2015, agencias internacionales informaron que la delegación boliviana ante la OIT, encargada de defender por qué Bolivia aceptó el trabajo infantil desde los 10 años, “quedó muy mal parada” en la sesión y “perdió el apoyo irrestricto” que tenía de los países del Grulac (América Latina y el Caribe).
La agencia de noticias Télam de Argentina agregó que “el caso de Bolivia, cuya legislación contempla el trabajo desde los 10 años, fue centro de duros debates en la Comisión de Aplicación de Normas y generó malestar en los representantes de los países del Grulac”.
En su defensa, el gobierno de Evo Morales argumentó que el trabajo desde edad temprana es una cuestión cultural en Bolivia. (ANF).
01 febrero 2016
Datos sobre pobreza infantil: ¿Existe suficiente evidencia?
Los esfuerzos del Gobierno deben centrarse en supervisar el progreso de uno de los grupos más importantes en cualquier sociedad: los niños. Es más, la equidad se alcanzará si como sociedad empezamos a planificar y asignar los recursos a favor de los niños. De acuerdo a un informe del BID en 2015, un inicio ideal requiere de esfuerzos adicionales para invertir en los niños menores de seis años.
El tema de la pobreza siempre está presente en cualquier plan de desarrollo gubernamental y, recientemente, se ha discutido en la formulación de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los anteriores Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).
A nivel mundial, durante el último trimestre de 2015 se llevaron a cabo una serie de reuniones de alto nivel y de expertos para iniciar el proceso de seguimiento y medición de los ODS. La región de Latinoamérica y el Caribe (LAC) también estuvo trabajando, incluyendo Bolivia.
Sin embargo, pese a que el Ministerio de Planificación en Bolivia realizó siete informes de progreso de los ODM, aún faltan datos que muestren la realidad sobre la pobreza infantil, con excepción de un informe realizado en 2009 entre Udape y Unicef.
En todos los planos
Con el fin de medir efectivamente el progreso de los ODS a finales de 2030, las actividades de seguimiento y evaluación deben desarrollarse de manera consistente en los planos mundial, regional, nacional y subnacional.
Las metas en los últimos ODM consideran la pobreza como primer objetivo, así como los ODS. Más aún, en los ODS hay objetivos específicos propuestos por Unicef que involucran niños y adolescentes; específicamente, uno de los indicadores propuestos establece: “Porcentaje de niños y adolescentes que viven en situación de pobreza multidimensional”.
Estudios globales
Durante la última década, en la región de LAC los siguientes países prepararon Estudios Globales sobre la pobreza infantil y Disparidades: Bolivia, Brasil, Jamaica, México y Nicaragua.
Las principales características de estos informes se basan en los vínculos entre privaciones infantiles en ocho dimensiones, a saber: Educación, salud, nutrición, agua, saneamiento, vivienda, información e ingreso, sobre la base de un enfoque desarrollado por la Universidad de Bristol y Unicef.
Por último, el 84% de los niños que pertenecen al quintil más pobre de ingresos experimentaron al menos dos privaciones severas y el 100% de ellos al menos una privación grave.
A pesar de que en 2006 las privaciones severas para los niños alcanzaron el 33% en Bolivia, al analizar los datos por origen étnico el porcentaje sube a 42%. Además, en 2005 las privaciones más altas en el hogar (vivienda y saneamiento) alcanzaron casi el 50% y 37% respectivamente.
A nivel subnacional
De hecho, este tipo de información a nivel nacional es totalmente útil para la formulación de políticas; empero, la información a nivel subnacional es algo carente y debe ser desarrollada de forma prospectiva con el fin de medir el progreso de los ODS.
El último Censo (2012) de Bolivia brinda información relevante sobre los niveles de pobreza a nivel municipal, siendo los resultados preocupantes para el Gobierno: hay 107 municipios (de color rojo en el mapa, que considera 336 de los 339 municipios del país), con niveles entre 83 y 98 por ciento de personas que viven en la pobreza. En otras palabras, 9 de cada 10 personas vivían en la pobreza en 2012 en municipios seleccionados en Bolivia.
Los municipios con los más altos niveles de pobreza representan casi el 32% del total de municipios de Bolivia. Para propósitos de investigación resulta interesante analizar la evolución de los niveles de pobreza infantil en los municipios con los más altos niveles de pobreza según los datos del último Censo.
Niñez y equidad
Por lo tanto, los esfuerzos del Gobierno deben centrarse en supervisar el progreso de uno de los grupos más importantes en cualquier sociedad: los niños.
Es más, la equidad se alcanzará si como sociedad empezamos a planificar y asignar los recursos a favor de los niños.
Por ejemplo, de acuerdo a un informe del BID en 2015, un inicio ideal requiere de esfuerzos adicionales para invertir en los niños menores de seis años.
Datos no actualizados
El análisis de la pobreza a nivel mundial durante los últimos años resultó muy interesante en relación a la pobreza infantil, pero esta evidencia aún no es suficiente para Bolivia.
La información generada se basa en datos no actualizados, y, aún más importante, son solamente disponibles a nivel nacional.
Con el fin de iniciar el seguimiento y el progreso de los avances al 2030 sobre la pobreza infantil, el Gobierno debe garantizar la disponibilidad de datos para los niños que viven en la pobreza, especialmente en los niveles subnacionales.
10 enero 2016
EEUU se resiste a renovar leyes de trabajo de niños en el agro
Las plantaciones de tabaco de EEUU y sus niños de 16 y 17 años trabajando más de 12 horas al día, soportando náuseas y mareos por los efectos de la nicotina, ofrecen una imagen impropia de la primera potencia mundial, que se resiste a renovar las leyes de trabajo infantil en el agro.
“Cuando llego al campo, me pongo una camisa de manga larga, unos guantes y un sombrero para protegerme. Me tapo la boca porque, a veces, el agua que está en las plantas entra en la boca”, cuenta a EFE Ana Flores, de 17 años e hispana, como la mayoría de los adolescentes que trabajan en las plantaciones de tabaco.
Flores, que ingresó a estos campos cuando tenía 13 años, acudió esta semana al Congreso de EEUU para presentar un informe de Human Rights Watch (HRW), grupo que entrevistó a 26 adolescentes de 16 y 17 años de Carolina del Norte para documentar las condiciones en las que trabajan. Los estados de Carolina del Norte, Kentucky, Tennessee y Virginia son responsables de la producción del 90% del tabaco del país y, en ellos, se ubican grandes granjas que emplean a adolescentes para cortar las hojas de las que luego saldrán los cigarrillos.
Hasta hace poco, las granjas también daban trabajo a niños de 11, 12 o 13 años, pero en 2014 dos grandes compañías de tabaco de EEUU, Altria (productor de Marlboro) y Reynolds American (conocido por Camel), decidieron que no comprarían tabaco de aquellas granjas que emplearan a niños de menos de 16 años.
Pero jóvenes, que todavía están creciendo, como Flores, siguen trabajando en estas plantaciones entre 11 y 12 horas al día y, muchas veces, sin la protección adecuada, con dificultades para utilizar el baño y con insuficiente acceso a agua, según el nuevo estudio de HRW.
“Me empiezo a sentir mal cuando el campo está muy caliente. Siento náuseas, quiero vomitar pero no vomito. Me siento débil, cansada, me duelen los músculos. Llego a casa y, cuando me baño, los químicos que están en mi cuerpo entran en mis ojos y me duele”, cuenta Flores. “Me salen granitos”, dice la joven, quien ingresó a laborar en los campos de tabaco porque sus padres se divorciaron y tuvo que apoyar económicamente a su madre y a sus tres hermanos pequeños.
Límites. En su informe Un trabajo que intoxica: adolescentes en las plantaciones de tabaco, HRW denuncia que los adolescentes absorben la nicotina por la piel y, además, están en contacto con pesticidas, lo que puede causar depresión o problemas reproductivos futuros.
“Necesitamos disposiciones expresas en la ley que deben proteger a los menores de los peligros de este trabajo. La ley federal prohíbe a los niños menores de 12 años comprar tabaco, pero les permite trabajar en el campo. La incongruencia es clara”, denunció esta semana el legislador David Cicilline.
Cicilline y otros congresistas han hecho diferentes propuestas para que el Congreso cambie las leyes laborales y evite que los niños trabajen en la agricultura con 12 años y se expongan a trabajos calificados como “peligrosos” con 16, como ocurre ahora. Los congresistas, HRW y la joven Ana Flores unieron sus voces para pedir al Congreso y al Gobierno que no dejen la legislación laboral en manos de las tabacaleras —las únicas que han introducido límites de edad— y prohíban que adolescentes menores de 18 años trabajen en los campos.
Los efectos a largo plazo de los pesticidas y la exposición a la nicotina son todavía desconocidos, pero Flores no para de hacer planes para el futuro. “Este es mi último año de instituto y quiero estudiar, ir a la universidad y hacer algo para ayudar a los demás. Los estudios son muy caros, así que voy a pedir becas y también trabajar. Pero, ya no en el tabaco”, comenta la muchacha, que no quiere que sus hermanos vivan su experiencia. “No, no, de ninguna manera. No quiero que mis hermanitos trabajen. En el siglo XXI los niños no deberían trabajar en campos”, declara.
Sin embargo, según la OIT, 168 millones de niños trabajan en todo el mundo y algunos de ellos, como revela HRW, viven en países del primer mundo, donde la imagen de un niño que corta plantas que le doblan en tamaño parecía cosa del pasado.
01 enero 2016
Niños que trabajan por la noche: Un problema de nunca acabar
Recorriendo las principales arterias de la ciudad de Oruro, uno se encuentra con un paisaje distinto al habitual, donde el comercio informal se apodera de las calles, pero junto a ese fenómeno existe otro panorama que muestra a niños en su mayoría menores de 12 años que se dedican a alguna actividad para conseguir unos cuantos pesos, a pesar del horario nocturno.
LA PATRIA, en días precedentes, hizo un recorrido por la populosa calle Bolívar donde encontró alrededor de unos 10 menores que realizaban distintas tareas, algunos sentados encima de un pedazo de cartón vendiendo unos chocolates, otros ofreciendo dulces y chicles a los conductores ocasionales, dos niños que vendían carcasas y fundas para celulares y otros que simplemente se dedicaban a pedir una moneda a los transeúntes.
La mayoría de los niños se mostraban reacios a contestar el por qué realizaban su actividad a esas horas o donde se encontraban sus padres, otros optaron por alejarse de la zona, aunque uno de ellos se animó a contestar las preguntas.
De nombre Matías, ofrecía sus chocolates y señaló que realiza esa actividad porque quiere ahorrar dinero para el inicio de las labores educativas, su padre es albañil y por la cantidad de hermanos no puede atender a todos, al consultarle sobre su madre el pequeño prefirió guardar silencio.
Al pasar la interrogante a la responsable de la Dirección de Igualdad de Oportunidades (DIO), Pierina Fortún, manifestó que el problema no solo se resuelve con realizar operativos y llevar a los niños a un centro de acogida, sino se debe hacer una planificación más estratégica que solucione esta temática de una forma integral.
Indicó que los menores, debido a lo que reciben en las calles como monedas, alimentos e incluso ropa, asumen un modo de vida que contagia a otros infantes de su entorno, lo cual motiva a que otros niños se dediquen a estas actividades.
También está la situación de los padres que quizá muchos de ellos no tiene conocimiento de que están infringiendo algunas normas como explotación laboral o maltrato infantil, pero que es complicado llegar hasta los progenitores porque en muchos casos los niños asumen un sentido de defensa y no quieren dar sus domicilios o el nombre de sus progenitores, o también hay casos donde existe violencia intrafamiliar y por el temor los niños prefieren callar.
Mencionó que es un problema que se debe solucionar a partir de la coordinación con otras instancias para tratar el tema de forma integral y encontrar la raíz del problema, porque caso contrario los niños seguirán apareciendo en las calles a altas horas de la noche poniendo en riesgo su integridad.
LA PATRIA, en días precedentes, hizo un recorrido por la populosa calle Bolívar donde encontró alrededor de unos 10 menores que realizaban distintas tareas, algunos sentados encima de un pedazo de cartón vendiendo unos chocolates, otros ofreciendo dulces y chicles a los conductores ocasionales, dos niños que vendían carcasas y fundas para celulares y otros que simplemente se dedicaban a pedir una moneda a los transeúntes.
La mayoría de los niños se mostraban reacios a contestar el por qué realizaban su actividad a esas horas o donde se encontraban sus padres, otros optaron por alejarse de la zona, aunque uno de ellos se animó a contestar las preguntas.
De nombre Matías, ofrecía sus chocolates y señaló que realiza esa actividad porque quiere ahorrar dinero para el inicio de las labores educativas, su padre es albañil y por la cantidad de hermanos no puede atender a todos, al consultarle sobre su madre el pequeño prefirió guardar silencio.
Al pasar la interrogante a la responsable de la Dirección de Igualdad de Oportunidades (DIO), Pierina Fortún, manifestó que el problema no solo se resuelve con realizar operativos y llevar a los niños a un centro de acogida, sino se debe hacer una planificación más estratégica que solucione esta temática de una forma integral.
Indicó que los menores, debido a lo que reciben en las calles como monedas, alimentos e incluso ropa, asumen un modo de vida que contagia a otros infantes de su entorno, lo cual motiva a que otros niños se dediquen a estas actividades.
También está la situación de los padres que quizá muchos de ellos no tiene conocimiento de que están infringiendo algunas normas como explotación laboral o maltrato infantil, pero que es complicado llegar hasta los progenitores porque en muchos casos los niños asumen un sentido de defensa y no quieren dar sus domicilios o el nombre de sus progenitores, o también hay casos donde existe violencia intrafamiliar y por el temor los niños prefieren callar.
Mencionó que es un problema que se debe solucionar a partir de la coordinación con otras instancias para tratar el tema de forma integral y encontrar la raíz del problema, porque caso contrario los niños seguirán apareciendo en las calles a altas horas de la noche poniendo en riesgo su integridad.
30 diciembre 2015
Procesarán a quienes vulneren los derechos laborales de menores
Los empresarios que vulneren las normas que regulan el trabajo infantil serán procesados. Así lo anunció ayer la subcomisionada para la erradicación del trabajo infantil en sus peores formas, Silvia Calvo.
La encargada de velar por los derechos de los menores trabajadores citó el caso de algunas chifas en las que contratan a adolescentes que trabajan hasta por encima de las ocho horas cuando el nuevo Código Niño Niña y Adolescente señala que no podrán trabajar más de seis horas y se les pagará por ocho.
Lo propio estaría ocurriendo en algunos restaurantes y comercios en los que existen menores y adolescentes los cuales reciben un sueldo de 500 a 800 Bolivianos mensual cuando lo menos que podían haber ganado es 1.656 Bolivianos.
Ya existen algunos casos denunciados a los cuales se les dará celeridad porque se está cometiendo el delito de explotación laboral de menores, los cuales deben llegar a identificar a los responsables y llevarlos a un juicio y en caso de ser extranjeros incluso hasta la deportación porque están afectando a un sector vulnerable de la sociedad potosina.
Por otra parte, se elabora un informe sobre los casos de explotación infantil no solo en los establecimientos gastronómicos y el comercio sino en otras áreas en las que las condiciones son inaceptables como las minas, canteras, fundiciones y otros que están claramente identificadas por las normas que se encuentran en vigencia.
La explotación infantil fue identificada a través de visitas directas a los establecimientos así como por seminarios en los que se difundieron los derechos de los menores y algunos llegaron a la institución para denunciar que no se respetaban sus derechos.
Las denuncias sobre menores que trabajan sin contrato, sin acceder al seguro de salud y de largo plazo están siendo procesadar para llevar a juicio a quienes vulneran las normas.
Hay trabajo infantil en Porco y en el Cerro Rico
En las cooperativas mineras del municipio de Porco, así como en las que operan en el Cerro Rico de Potosí existe trabajo infantil, según el informe de Silvia Calvo.
En el cerro potosino se encontró que menores de ocho años cumplían labores propias de la minería y en algunos casos entraban a la mina y ponían en riesgo su propia seguridad física.
También se habría encontrados algunos casos en otras minas del Departamento de Potosí en las que hay menores trabajando, muchos de ellos junto a sus familiares adultos.
Se está elaborando un informe de gestión que da cuenta de los casos de trabajo en minas porque esa labor está prohibida.
La encargada de velar por los derechos de los menores trabajadores citó el caso de algunas chifas en las que contratan a adolescentes que trabajan hasta por encima de las ocho horas cuando el nuevo Código Niño Niña y Adolescente señala que no podrán trabajar más de seis horas y se les pagará por ocho.
Lo propio estaría ocurriendo en algunos restaurantes y comercios en los que existen menores y adolescentes los cuales reciben un sueldo de 500 a 800 Bolivianos mensual cuando lo menos que podían haber ganado es 1.656 Bolivianos.
Ya existen algunos casos denunciados a los cuales se les dará celeridad porque se está cometiendo el delito de explotación laboral de menores, los cuales deben llegar a identificar a los responsables y llevarlos a un juicio y en caso de ser extranjeros incluso hasta la deportación porque están afectando a un sector vulnerable de la sociedad potosina.
Por otra parte, se elabora un informe sobre los casos de explotación infantil no solo en los establecimientos gastronómicos y el comercio sino en otras áreas en las que las condiciones son inaceptables como las minas, canteras, fundiciones y otros que están claramente identificadas por las normas que se encuentran en vigencia.
La explotación infantil fue identificada a través de visitas directas a los establecimientos así como por seminarios en los que se difundieron los derechos de los menores y algunos llegaron a la institución para denunciar que no se respetaban sus derechos.
Las denuncias sobre menores que trabajan sin contrato, sin acceder al seguro de salud y de largo plazo están siendo procesadar para llevar a juicio a quienes vulneran las normas.
Hay trabajo infantil en Porco y en el Cerro Rico
En las cooperativas mineras del municipio de Porco, así como en las que operan en el Cerro Rico de Potosí existe trabajo infantil, según el informe de Silvia Calvo.
En el cerro potosino se encontró que menores de ocho años cumplían labores propias de la minería y en algunos casos entraban a la mina y ponían en riesgo su propia seguridad física.
También se habría encontrados algunos casos en otras minas del Departamento de Potosí en las que hay menores trabajando, muchos de ellos junto a sus familiares adultos.
Se está elaborando un informe de gestión que da cuenta de los casos de trabajo en minas porque esa labor está prohibida.
20 diciembre 2015
Ven proyectos para empleo juvenil
La Alcaldía de Cochabamba no analizó aún el tema del desempleo. Según el director de Desarrollo Económico, Ackbar Jalil, el municipio tiene dos programas dirigidos a generar condiciones de empleo juvenil: el programa mi primer empleo digno, creado por ley nacional y el otro dirigido a estudiantes de las promociones y a mujeres emprendedoras, creado por la municipalidad.
Jalil dijo que recién están “ordenando la casa”. La gestión de José María Leyes comenzó en junio pasado y aseguró que para 2016 se realizará un Plan Estratégico de Desarrollo Económico Local que tendrá un fuerte componente para empleo juvenil, del que no dio detalles.
Entretanto, la Gobernación de Cochabamba tiene algunos planes para mejorar la situación del empleo juvenil. La directora de Igualdad de Oportunidades, Primitiva Guarachi, dijo que en la actualidad hay cinco proyectos productivos en las zonas rurales y uno en el área urbana en los que trabajan unos 1.500 jóvenes que se dedican a la producción de pollos, cuis, miel y panadería.
Sin embargo, admitió que el impacto de estos proyectos es mínimo y que están en proceso de elaboración de una ley departamental de juventud en la que prevén perfilar un fuerte componente de apoyo a los jóvenes y mujeres, aunque no dio más detalles al respecto. La norma, que será terminada en noviembre, tendrá una sección dedicada a los jóvenes en situación de calle o de riesgo.
Según el INE, existen al menos 850 mil niños, niñas y adolescentes trabajadores en todo el país. A ello se suma que más de 3.800 están sometidos a las peores formas de explotación en minas, zafras de castaña y caña.
El estado de situación de la niñez y adolescencia en Cochabamba es igualmente alarmante, debido a que de enero a junio de 2015 existían 2.000 niños, niñas y adolescentes internados en diferentes hogares del Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges).
Tener un título profesional tampoco es garantía de empleo. Cada año salen al mercado laboral unos 120 mil jóvenes, de los que el 88 por ciento logra conseguir empleo precario e inestable, con bajos ingresos y sin seguridad social.
Jalil dijo que recién están “ordenando la casa”. La gestión de José María Leyes comenzó en junio pasado y aseguró que para 2016 se realizará un Plan Estratégico de Desarrollo Económico Local que tendrá un fuerte componente para empleo juvenil, del que no dio detalles.
Entretanto, la Gobernación de Cochabamba tiene algunos planes para mejorar la situación del empleo juvenil. La directora de Igualdad de Oportunidades, Primitiva Guarachi, dijo que en la actualidad hay cinco proyectos productivos en las zonas rurales y uno en el área urbana en los que trabajan unos 1.500 jóvenes que se dedican a la producción de pollos, cuis, miel y panadería.
Sin embargo, admitió que el impacto de estos proyectos es mínimo y que están en proceso de elaboración de una ley departamental de juventud en la que prevén perfilar un fuerte componente de apoyo a los jóvenes y mujeres, aunque no dio más detalles al respecto. La norma, que será terminada en noviembre, tendrá una sección dedicada a los jóvenes en situación de calle o de riesgo.
Según el INE, existen al menos 850 mil niños, niñas y adolescentes trabajadores en todo el país. A ello se suma que más de 3.800 están sometidos a las peores formas de explotación en minas, zafras de castaña y caña.
El estado de situación de la niñez y adolescencia en Cochabamba es igualmente alarmante, debido a que de enero a junio de 2015 existían 2.000 niños, niñas y adolescentes internados en diferentes hogares del Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges).
Tener un título profesional tampoco es garantía de empleo. Cada año salen al mercado laboral unos 120 mil jóvenes, de los que el 88 por ciento logra conseguir empleo precario e inestable, con bajos ingresos y sin seguridad social.
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